Estar acá

Título: Héroes modernos

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Mey

Editorial: Sigmar

Tenerlo en mis manos es un sueño cumplido. Y es tan raro eso. Porque por un lado es genial, genialísimo, cumplir un sueño pero por el otro uno extraña el moscardón en la panza, esa ansiedad que siente por no saber todavía si va a poder lograrlo o no.

El día que cerraba el plazo del Premio Sigmar 2011, mandé el manuscrito. Ese mismo día lo imprimí, elegí un título y me fui al correo. No estaba súper orgullosa de él (siempre hay cosas para pulir, reescribir y reformular) pero la noche anterior había soñado con Mamama, que me decía algo así como “Qué lástima que no te animaste a participar del premio Sigmar”.

El sueño, lógicamente, tenía su explicación: unas semanas antes yo había estado evaluando el asunto: ¿participio o no participo? Había releído varios de mis cuentos y no se me ocurría cómo unir unos con otros, cómo meterlos en una misma antología ni que título usar.

–No. No participo.

Y con ese mandato a mí misma, creí que me olvidaba de Sigmar.

Pero la noche previa al cierre tuve el sueño. Y me levanté pensando: qué tonta que no participé, ¿qué podía perder? Y me conecté a internet de pura masoquista, para enterarme cuándo tendría que haber mandado el manuscrito y…¡¿hoy?! Elegí un cuento, dos, tres. Conté caracteres. Les puse un título, incluso una dedicatoria. Y un epígrafe de Elvira Lindo que me vino como anillo al dedo para justificar el nombre de la antología.

Mis héroes modernos son Pavilongo (o Pablo), Milena y Mariano. Tres niños que deben enfrentarse a este mundo duro que nos toca en suerte y desde su inocencia vencer el prejuicio, el miedo, las etiquetas impuestas por los adultos y las injusticias de una sociedad que tiende a determinar nuestro lugar en el mundo por lo que tenemos o dejamos de tener. El epígrafe de Elvira Lindo lo saqué del primer Manolito Gafotas, de esa escena genialísima en la que los nenes van disfrazados de “palomitas de la paz”  porque así lo quiso su Sita Asunción aunque ellos hubieran preferido ser supermanes y hombres arañas.

Fue tan divertido escribir estos cuentos; tan liberador. Hay mucho de mi historia en ellos. De mi infancia. De mis hijos. De mis propios prejuicios. De mis miedos y fantasmas. De mis ganas de salvar el mundo.

Que el libro mereciera una Mención de Honor fue una caricia al ego, no lo niego. A veces las necesito porque son muchas las ocasiones en las que me siento “ninguneada”  en este medio. Cuando sos nuevita, así, como yo, te miran raro.  Con desconfianza. Piensan, supongo, que tuviste suerte. O palanca.  Que tenés aires de grandeza o que pensaste “Me voy a meter en LIJ porque no tengo nada que hacer”. Es que todavía no sospechan que no sabés hacer otra cosa. Que te gusta tanto escribir, pero tanto, que aunque te ninguneen, aunque te sigan mirando raro, vas a seguir haciéndolo. Ganes o no ganes un premio. Te publiquen o no te publiquen. Porque escribir es tu vida. Escribir sos vos.

Héroes modernos es entre mis libros probablemente el que más tiene que ver conmigo. El primero, además,  que me puso en la “vidriera”, aunque esté allá, todavía de coté y en el último estante. Para eso sirven los premios, para que empiecen a registrarte. A darte, por fin, una oportunidad. No sé si llegaré más lejos, pero estoy acá. Y eso, ya de por sí, es un tremendo premio.

Una nueva versión de Pirandello

Título: Gigantes

Autor: Mario Méndez

Ilustrador: Matías Trillo

Editorial: Edelvives

Colección: “Ala Delta”

Gigantes es una antología temática compuesta por seis cuentos y un paratexto interesante. Un largo epígrafe de El Quijote que nos invita a revivir aquella paradigmática escena de los molinos, por la que el héroe queda maltrecho al confundirlos con gigantescos monstruos de largos brazos. Una bienvenida que nos abre las puertas a la intimidad del autor, que nos cuenta de sus lecturas de infancia (y mejor: de aquello que hubiera querido leer en su infancia) y un epílogo que desdibuja los límites que separan el mundo posible del efectivo. Así, el autor termina dirigiéndose a los verdaderos destinatarios del libro: los gigantes.  Los niños, entonces, pasan a ser intermediarios entre los dos mundos: “Si ustedes, lectores, ven un día una huella gigantesca, si saben de cualquier enorme aparición, entonces, por favor no dejen de avisarme”.

De esta sólida columna vertebral que es el paratexto del libro, se desprenden los seis relatos;  bien organizados a su vez: tres “Gigantes de ayer” por un lado;  tres “Gigantes de hoy”, por el otro.

Entre los primeros está “El gigante solitario”, un grandulón con ganas de enamorarse que sufre por culpa del prejuicio y el temor infundado de la gente. También Fernán, el humano protagonista de “Historia de leyes y leyendas” que viene a revolucionar el mundo de los gigantes por haber nacido “diferente”. Y Borodín, el temible gigante que en lugar de enfrentarse el caballero Tristán se convertirá en su mejor amigo.

Entre los gigantes de hoy en día están Figantesca, en cuya historia se mete el autor en persona otra vez para que nos convenzamos de una vez por todas que la realidad vive en la ficción y viceversa. También la historia de Melina, esa niña que no es gigante pero lo parece en su curso de sexto grado, y que termina siendo rescatada de sus muchos complejos gracias a Daniel, ese chico nuevo que parece un piojo de tan chiquito que es. Y el Gran Sándor, un fenómeno de circo que termina dándole una lección al padre temeroso de Pequeño Pablo que solo buscó un amigo parecido a él.

Mario Méndez nos ofrece en esta antología una grata lectura. Hace poco, ALIJA distinguió Gigantes como uno de los libros destacados del 2011. No puedo saber cuál fue el criterio de selección para el jurado, pero si yo tuviera que fundamentar por qué vale la pena leer esta compilación de relatos diría que, a diferencia de otras antologías, lo que destaca no son las historias por separado sino esa historia integral, solapada, silenciosa que se va tramando desde el paratexto y termina de hilvanarse a través de los distintos relatos. La historia de un autor que sale en busca de sus gigantes, así como los personajes de Pirandello habían salido antaño en busca de su autor.

Para niños mayores de 8 años.

It´s easy if you try…

Título: La silla de imaginar

Autora: Canela

Ilustrador: Daniel Roldán

Colección: “Cola de ratón”

Editorial: Comunicarte

A veces me da vergüenza atrasarme tanto con las reseñas. Ya ni siquiera puedo calcular cuándo fue que recibí este libro de la Editorial Comunicarte. Como siempre, lo leí inmediatamente, hice mil anotaciones en mi cuadernito (ese que tengo  sobre el escritorio) y le di un lugar en mi biblioteca para que descansara allí, lindo como es, hasta que yo encontrara por fin el tiempo para sentarme y escrbir una reseña de esas que siento “concienzudas”, como salidas del fondo mismo de mis entrañas. Esas reseñas que llevan su tiempo de maduración y que me atrasan más, todavía más, de lo habitual.

Pues este es el caso. La silla de imaginar es uno de esos libros que se te meten adentro y que por tanto te exigen un tiempo extra para encontrar las palabras justas, esas que estén a la altura de todo lo que el libro expresa . Empezando por la tapa, enigmática y bella: una silla –simple, rústica, humilde–y un globo de pensamiento lleno de colores dispuestos en simetría pero diversos. La guarda inicial  del libro superará aquello. Un campo. Una ruta de asfalto. Un puente. Dos. Un camino de ripio rodeado de árboles. Un auto entrando al pueblo que rodea la estación del tren. Y hasta allí todo hermoso. Pero se interpone la primera línea del texto y, como dándonos una bofetada, nos despierta: “Junto a las vías había un pueblo por el que ya no pasaba el tren”. De pronto aquel boulevar tranquilo se vuelve solitario,  la paz del cuadro se difumina en un sentimiento de compasión: vemos un pueblo que, como tantos, se ha condenado al olvido. Más

Viaje iniciático

Título: Puras mentiras

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Luciana Carossia

Editorial: Lúdico

No puedo reseñarme a mí misma. Por lo bueno y por lo malo. Si elogio lo que me gusta, no queda bien. Si pego en los puntos flacos, pego con todo: no tengo nada de diplomacia conmigo misma; puedo llegar a ser terriblemente cruel, lo que me llevaría a ser injusta con mucha gente. Porque un libro es el producto de un trabajo colectivo. Puras mentiras, más allá del texto, tiene una edición  lindísima: bello papel, buena calidad de impresión. Y un  trabajo impecable de Luciana.  Incluye ilustraciones que enamoran: como la de la abuela Ipi con sus alas de ángel cobijando a Kumiray. Es, además, un libro que viene a cumplir un sueño postergado. Nuestro primer proyecto juntas. En mi casa de soltera, todavía guardo una ilustración que Luciana hizo sobre un cuento mío cuando estábamos en el colegio secundario.  Recuerdo su modo de elogiarlo: “Me sorprendiste. Creí que escribías como Poldy Bird, que ibas a empalagarme”. Entonces no sabíamos, ni ella ni yo, que íbamos a dedicarnos a esto. Mucho menos que compartiríamos las ganas, la visión, los valores, los proyectos, las metas. Porque queremos cosas increíblemente parecidas. Las dos podemos morirnos de hambre antes de renunciar a nuestro sueño de hacer bien las cosas. De intentarlo al menos. Odiamos (y padecemos, a veces) a los mismos editores. Admiramos a los mismos maestros. Nos queremos. Nos respetamos. Nos complementamos. Y toda esa energía junta fue a parar al libro.

Puras mentiras fue  libro sin acomodos. Sin lobby. Sin amigos que nos presentaran. De eso sí me siento orgullosa. Porque soy consciente de que recién estoy empezando. No me llueven las propuestas de trabajo, pero tampoco claudico en intentarlo. Por tercera vez presenté un manuscrito en una editorial desconocida, sin “palanca” de ningún tipo.  La primera vez pudo ser suerte. La segunda, un obsequio de la vida. Esta tercera ya la siento como un mandato. Como si el destino me dijera: “¿No ves? ¡No es imposible! Siempre hay que volver  a intentarlo”.  Puras mentiras me recuerda eso más que ningún otro libro porque los dos cuentos que integran la antología fueron antes proyectos malogrados. Proyectos a los que había que darle otra vuelta de tuerca para hacerlos funcionar. Y  funcionaron. Más

Cuentos para jugar

Título: El afinador de mosquitos

Autora: Valeria Dávila

Ilustradora: Melina Canale

Esta antología de cinco cuentos obtuvo el Segundo Premio en el Concurso Sigmar de Literatura Infantil 2011. Tuve la suerte de conocer a Valeria Dávila, una joven periodista y maestra que supo cómo hacerse camino al andar en esto de escribir cuentos para chicos.

Nos sentamos una al lado de la otra el día de la premiación (a mí me habían dado una Mención por Héroes modernos) y enseguida nos pusimos a charlar de cualquier cosa. Valeria es sencilla, simpática, encantadora (¡parece una maestra!) y en cuanto agarró el micrófono nos eclipsó: al contrario de lo que me pasa a mí, que me llevo mejor con el discurso escrito a pesar de haber estudiado teatro por 8 años, a ella se la veía cómoda y tranquila en su rol de oradora. Recuerdo lo que dijo como si no hubiera transcurrido todo un año desde aquel día.

Habló de lo maravilloso que era saber que iba a ser leída por tantos niños en diferentes puntos del país, de sus letras llegando tal vez a alguna escuelita del Interior para traspasar los límites del libro y “vivir” (creo recordarla enfatizando esta palabra como si ninguna otra se ajustara a la idea que ella estaba queriendo transmitir) por un ratito en la intimidad del aula.

No pude evitar, mientras iba avanzando en la lectura, recordar todo esto. En cómo estaría sentada la maestra en el aula (¿tal vez apoyada en el escritorio?) mientras iniciaba la lectura en voz alta. Me imaginaba una ventana enorme, llena de luz, y una música tenue de fondo. El grupo de los chicos, expectante, silencioso y atento a las letras de Valeria que inundarían el aula. Más

¡Towanda!

Título: Encuentro con Flo

Autora: Laura Escudero

Editorial: SM

“De pronto, el mundo se puso patas para arriba y Julieta no supo cómo pasó”. Desde el comienzo, el libro es una promesa. Un libro en el que pasan cosas, muchas cosas, tantas que es difícil ordenarlas.

Como muchos libros de ahora, Encuentro con Flo arranca con el conflicto. Un tremendo conflicto que se enreda en otro más trivial: una adolescente que, como tal, está midiendo su lugar en el mundo y se convence de que todo, absolutamente todo lo que ocurre a su alrededor, es una confabulación del entorno contra ella. Lo que pasa a su alrededor es lo verdaderamente importante: una abuela con alzheimer que debe mudarse por unos días a su casa, ¡a su misma habitación!, lo que, lógicamente, viene  a revolucionarle la vida.

En Encuentro con Flo hay dos historias de amor. Por un lado, el amor adolescente, intenso y temeroso que se despierta entre Julieta y José, ese chico “reo” del interior que parece tan distinto a ella. Por otro, el amor más puro y más genuino de todos. El amor de una nieta que se cree incapaz de querer a su abuela enferma, esa “vieja” que ─a veces le parece─ se hace la estúpida. Con el correr de las páginas, sin embargo,  nace el amor entre ellas.

Y nace increíblemente, porque uno puede entender la gravedad del asunto, puede sentir lástima por esa anciana que la mayor parte del tiempo no tiene ni la menor idea de dónde está; puede indignarse por la frialdad de Julieta en ocasiones, por su continua agresión y su bronca y por no darse cuenta de que hay algo más serio aquí que su propio ombligo.

El lector puede darse cuenta de todo esto, claro, pero también sabe que es imposible amar por obligación, por lástima o necesidad. Sabe que el amor es un sentimiento que no se fuerza, que no entiende de disciplinas ni de mandatos. Y si la abuela no pone algo de su parte (¡y la abuela no puede poner algo de su parte!) el desafío de amarla parece una misión imposible, cuanto menos.

Pero Escudero consigue el milagro. Y no resulta forzado ni inverosímil ni insólito ni trillado el amor que Julieta va prodigando, lenta pero intensamente, sobre esa anciana frágil como un merengue, con su “piel finita como milhojas y los ojitos brillosos como cerezas al marrasquino” (Pág. 105). Más

Trapitos al sol

Título: Solgo

Autora: María Teresa Andruetto

Ilustradora: Cynthia Orenstajn

Editorial: Edelvives

¡Qué emoción sentí el día que recibí Solgo entre los libros de Edelvives!  Los (buenos) libros-álbum siempre son un regalo maravilloso. La cuidada edición, las bellas ilustraciones, la poesía de Andruetto, todo en un mismo texto que desafía al lector.

Me acuerdo de haber llamado a Luciana, apenas le di una primera lectura:

–Lu, ¿viste el nuevo libro de Andruetto?

–¿Solgo? Todavía no lo leí.

–No sé si podremos presentar La fuga de la emperatriz en Edelvives, se parece demasiado. Siempre me pasa lo mismo, con La manzana de Blancanieves  me pasó igual: para cuando me dieron bola en una editorial, se habían publicado mil  libros con una idea parecida.

–Pero La manzana…  te  la publicaron igual. La originalidad no lo es todo, también hay otras cosas.

–¿Vos decís?

Pero esta impresión la tuve solo en la primera lectura.  Primera y desesperante lectura: a la vez que me iba fascinando con el libro (y aquí viene mi primer trapito al sol), mi pobre humanidad me convertía en una autora envidiosa (¡otra vez me habían ganado de mano!) lo que me dejaba –por un motivo personalísimo– con un sabor amargo en la boca.  Tuve que dejarlo descansar un tiempo en la biblioteca. Más

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