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Título: Bonsai N° 1

Autores/ilustradores: Hernán casciari,  Chiri Basilis, Josefina Licitra, Eduardo Abel Gimenez, Natalia Méndez, Luciano Saracino, María Monjardín, Poly Bernatene, Matías Tolsa, Gustavo Sala, Alberto Montt, Gerardo Baró, Pupi Herrera.

Editorial: Orsai 

Bonsai

 

De Bonsai me gusta el concepto: una revista para chicos, de 86 páginas sin publicidad, con bellas ilustraciones y buenos textos. Me gusta que se mezclen los niveles narrativos, que sean personajes de ficción los que llevan adelante las distintas secciones. Que su historia se vaya contando a cuentagotas a través de los distintos cuentos, cartas de lectores, crónicas, etc., pero también más allá de los límites de la revista: porque a la familia Dámaso la conocemos a través del paratexto (el prólogo que escribe Oso, los epígrafes luminosos de Tina, la contratapa ilustrada tipo infografía en la que se presenta a cada uno de los personajes) y a través del epitexto, ese mundo de discursos que trasciende el soporte de papel y conforma el universo Orsai al que podemos llegar a través de la web y las redes sociales.

Desde cierto punto de vista, Bonsai es una revista como otras: con su columna “art-atack”, su receta de cocina, el horóscopo, los juegos y acertijos, varios cuentos, una crónica, un par de textos de divulgación, unas cuantas historietas, correo de lectores. Es, sin embargo, ¡tan distinta a otras! Que baste este solo ejemplo: habrá un montón de ejemplares pululando por ahí en los que se enseñe a construir robots, pero ¿robots quitamiedos? Y no tengo idea si habrá un equipo de psicólogos atrás, pero yo ya he escuchado eso de que lo primero para enfrentar un miedo es reconocerlo: hacerlo explícito, escribirlo en un papel. No se me había ocurrido esto de dárselo de comer a un robot pero, vamos, que la idea es buenísima y puede darnos la excusa de vivir un momento familiar increíble. Y este tipo de cosas hacen de Bonsai una revista distinta, creativa y disfrutable.

A ver: no digo que me encantó toda la revista ni que todos los textos son geniales ni que absolutamente cada renglón vale la pena; no. Digo que el concepto de la revista es bueno. Que tiene estos detalles que la vuelven distinta y especial. Tiene muchos elementos que fascinarán a los chicos: humor (un futuro miércoles, Correo sentimental, Los clásicos reventados, Agata y Cristi, El pirata Bolas Tristes, El gaucho moco, entre otros); terror (Gritemos en el bosque, la sección de figus aterradoras); entretenimiento (genialísimo el juego para hackear Orsai) y muchos otros que tranquilizarán a los padres: la teoría del big bang, cómo viven en otras regiones del mundo, la historia de la higiene son algunos de los temas que irán apareciendo desde un punto de vista amigable y a prueba de aburrimiento.

¿Cuáles son las pegas, entonces? No muchas. Teniendo en cuenta que todo es cuestión de gustos y es lógico que una revista de 86 páginas no me encante desde el inicio hasta el final. Los cuentos, por ejemplo, me desilusionaron. No es que estuvieran mal pero, bueno, no fueron nada del otro mundo. Y sí, yo de Bonsai esperaba cuentos que me parecieran del otro mundo. El que más me gustó fue el de Bolas Tristes pero hay que tener en cuenta que a mí me gustan los cuentos de piratas (me gusta el contexto más allá de la historia) y las ilustraciones de Nobati, por lo que no sé si el cuento en sí me gustó tanto.  Los otros dos (El combate de los huesos de goma y Puaj) me parece que son más para adultos. Lo mejor que tienen es el costado cínico y eso los chicos se lo pierden. Por lo menos fue la experiencia en casa: Juli simplemente se aburrió.

Eso sí: el gaucho Moco se lo aprendió de memoria. Sí, ¡de memoria! Y acá es donde chocamos las dos generaciones porque a mí me pareció de terror. Entiendo que lo escatológico divierte a los chicos (¡Mirenlo a Julián, si no!) pero a mí me gusta que el lenguaje me conmueva y no que me dé asco. Lo sé, lo sé: estoy vieja, tal vez.

Ahora, sobre los textos de divulgación. La historia de la mugre la vi muy en línea con El baño no fue siempre así de Iamiqué. Muy ilustrativo, interesante y muy claro. El del Big Bang me gustó un poco menos. No por el tono que está muy bien (con esa onda de Muy interesante junior, revista que siempre intento comprar para mis hijos) sino por el punto de vista desde el cual se construyó todo el texto.  Me molestan  los esteretipos: esto de que la vieja de religión sea una pacata ridícula y el científico un super genio. No digo que esté de acuerdo con la línea creacionista ni que yo me lleve bien con la institución religiosa (me echaron de un colegio por no casarme por Iglesia y un cura me dijo, en Luján, que mi estirpe iba a estar maldita, así  que imagínense) pero, vamos, que también se han cometido atrocidades en nombre de la ciencia y no sé si está bueno bajarles el asunto a los chicos desde esta polaridad que puede ser relativa, como lo es todo en el mundo.

Por último, la crónica. Primero quiero decir que me parece genial que se haya incluido el género (esto sí creo que no lo he visto en ninguna otra revista para chicos). La noche “violentta” arranca prometedora. Al principio tiene todos los condimentos para mantenerme atenta a la lectura: buena redacción, comentarios ingeniosos, pasajes humorísticos, un estilo cuidado, buen ritmo. Después, bueno, va derrapando: la historia se va volviendo bizarra (¡está bien, soy culpable, a mí no me va la onda bizarra!) y encima en un mismo párrafo encuentro dos golpes bajos. Que Oso le diga “descerebrada” a Tina, no lo creo (basta con leer el final de la crónica para darse cuenta de que no es capaz de tratar a su hija así; no me pareció verosímil y este detalle, que sentí como una incongruencia, me distrajo y me alejó de la historia). Por último, el cliché de la epiléptica. Está bien: yo sé que la gente (y Oso puede estar entre esa gente) lo usa sin mala intención pero es hora de que el mundo se entere de que existen muchas otras palabras, muchas otras imágenes, para hacer referencia al baile descontrolado. Y no lo digo como madre-que-sangra-por-la-herida (aunque, de hecho, soy una madre que sangra por la herida) sino como persona-mejor-informada: la reacción que genera la convulsión cerebral no admite comparación posible con la danza o cualquier otro tipo de movimiento voluntario y placentero. Así que, una vez más: imagen que no me resultó verosímil y me hizo tomar distancia del discurso. El final, eso sí, me reconcilió con la crónica: bella imagen la de la guerra y el abrazo de las hijas.

Como sea, les recomiendo la revista sin dudar. Está bien hecha, bien pensada, generalmente bien orientada al pequeño lector. Los textos son buenos, los temas interesantes, las ilustraciones bellísimas. Y vale cada centavo. Porque hacen falta más revistas así. Revistas que no son pura publicidad, puro juguete, puro color y puro chiste. Revistas que, aunque se llamen Bonsai, vienen en talle extra large.

 

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