Leyendas, pero muy mías

Título: El gigante de Balvanera y otras leyendas urbanas

Autora: Sol Silvestre

Ilustrador:Luis Marcelo Morais

Editorial: La brujita de papel

Solo tapa

Como no puedo reseñarme a mí misma, les dejo un video en el que estoy leyendo la primera leyenda-prólogo del libro. Eso, y contarles que en estas versiones dejé las tripas. Que no voy aceptar que nadie pero nadie me diga que fui “versionista” y no una autora. Es cierto, casi todas las leyendas de este libro (todas excepto la del video) son historias conocidas, recogidas del boca en boca, de otros libros o de la web; pero siempre tienen mi impronta. Una vuelta de tuerca personal que, para bien o para mal, las vuelven mías. Gracias a la Brujita de papel, por confiar en mí. Y a Luis Marcelo Morais, por sus ilustraciones maravillosas.

¡Y GRACIAS, MARIANELA, POR ACOMPAÑARME EN LA PRESENTACIÓN Y EN LA LECTURA!

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El sabio consejo de Luciana

Título: Cuéntame, América

Autora: Sol Silvestre

Ilustrador: Ricardo Rossi

Editorial: Uranito

Solo tapa

Doce leyendas de pueblos aborígenes (guaraníes, mapuches, tobas y aymaras). El libro nació porque de las editoriales escolares empezaron a encargármelas y antes de que me diera cuenta tenía ya una buena producción. Escribí algunas más para llegar a los 50.000 caracteres y, entonces sí, mandé el manuscrito a varias editoriales (cuatro o cinco, al menos). Uranito fue la primera en contestarme. Me dijeron que sí, me mandaron el contrato. Fueron atentos durante todo el proceso: recibí primero los bocetos de Ricardo y más tarde las imágenes finales; el pdf con el texto para revisar. No me cambiaron ni una coma. Cuando el libro se editó, mandaron mis ejemplares a casa (¡a casa! Esto es algo que no me pasó con ninguna otra editorial). Y encima es mononísimo. El trabajo de Ricardo emociona. Fue una de mis grandes alegrías en 2014.

Y hay más. Porque, mea culpa, cuando me confirmaron de Uranito que iban a publicarlo, no le escribí a ningún editor para avisar. Después de la experiencia con aquel libro que casi sale en una editorial y terminó encajonado, seguí el consejo de mi amiga ilustradora Luciana Carossia para quien “Nunca hay que dar un trabajo de baja. Aunque ya no tengas el texto disponible, dales la oportunidad de que lean algo tuyo”.

Y comparto su consejo aquí, porque funciona. Al poco tiempo de haber firmado contrato con Uranito, recibí un mail de una editora: quería publicar Cuéntame, América. Amén de que es fantástico poder decir: “Uy, ya lo tengo comprometido en otro lado”, mucho mejor es que, como respuesta, te ofrezcan hacer un trabajo. Mi primer trabajo por encargo en una editorial hermosa en la que todavía no había publicado (ya contaré novedades por aquí).

Así que ya saben, quienes están en la misma que yo y van dando pasitos como hormiga: nunca avisen si les aceptan el manuscrito en otro lado. Cuesta tanto que nos lean, que no hay que desaprovechar esa oportunidad. Del libro no digo mucho porque, como repetí mil veces, no puedo reseñarme a mí misma. Solo que por el tono legendario (selección léxica, recursos poéticos y el extrañamiento al escribir desde una cultura diferente a la nuestra) no estoy muy de acuerdo con Uranito en que el libro sea para mayores de 10. Yo hubiera dicho 12.

Si quieren leer el índice del libro y la primera leyenda, pueden hacerlo acá. Si quieren saber sobre el proceso de escritura, Raquel Barthes me hizo una entrevista para El Mangrullo que pueden leer en este link.

Gracias por acompañarme.

Justicia poética

Título: Misterio en el campanario

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Maricel Rodríguez Clark

Editorial: del Naranjo

Colección: “Sub 20”

Recorte de tapa

 

Empezaré por advertir (ya que muchos de los que siguen este blog solo quieren leer reseñas) que aquí no escribiré un comentario sobre el libro. Como dije otras veces, no podría hacerlo: por exceso de amor o de autoexigencia. Para quien siga interesado aún en estas líneas y no me ha dejado hablando sola, les cuento: lo que voy a hacer es hablarles un poco de la cocina, no de la escritura, sino de la edición. ¿A quién puede interesarle esto? Bueno: a quien sea curioso de la vida ajena, a autores que quieran publicar, al que se ha hundido en la depresión después de que una editorial les diera un portazo en la cara.

No se preocupen, que la historia no es larga. Empezó, más o menos, en octubre del año pasado. Cuando desde una editorial (muy linda editorial) me escribieron para decir que iban a publicarme el manuscrito que les había enviado.  No, no era Misterio en el campanario. Es más: en ese entonces no había escrito ni uno solo de los cuentos que integran esta antología. Pero tengan paciencia, que ya van a entender adónde voy.

El caso es que hubo una reunión, muy distendida, en esa editorial. La jefa de edición se deshizo en elogios (hacia mí, claro). Me ofrecieron también, ipso facto, hacer la selección literaria de una antología para 2do grado; mientras tanto. Más

Olor a equipo

Abajo, en la plaza, está el que espera por curiosidad. El que quiere tener una historia que contar por el resto de su vida. El que reza por devoción y el que no tiene ninguna expectativa. Está el que cree en Dios y el que desconfía. El que lleva abrigo y el que está con hambre. El que teme. El que llora. El que está feliz y el que está cansado. Todos están allí, mirando el cielo. Y esperando. 

Título: Francisco, el iluminado

Autores: Sol Silvestre y Damián Zain

Editorial: Artemisa

Solo tapa

Cuando acepté hacer este libro sabía que me estaba metiendo en un terreno fangoso. Sabía que la mitad de mis conocidos (especialmente mis colegas) iban a mirarme, condescendientes, y peor: iban a sentirse satisfechos de corroborar que efectivamente soy una autora “menor”, de esas que solo escriben cosas comerciales que no valen la pena.

Porque no voy a negar que la idea de hacer un libro así, basado en la popularísima figura de Francisco, es de lo más marketinera, lo que además comulga (como para usar una metáfora al tono) con el catálogo de la editorial donde prevalecen los colores, los brillos, los stickers, la venta directa  y la preocupación por vender más, antes que mejor (hay que decirlo).

Sabía todo esto pero me arriesgué, primero porque yo escribiría sobre la germinación del poroto si me lo pidieran (la cuestión es escribir) y segundo porque mi mamá estaría feliz, y mi mamá se merece el mundo entero.

No me imaginé, sinceramente, que iban a resultarme amenas las muchas horas de lectura (está claro que antes de empezar a escribir tuve que leer un montón sobre Bergoglio y sobre la Iglesia y sobre San Francisco de Asís) ni que iba a pegar la onda que pegué con Damián Zain, cuyo lindísimo trabajo está a la vista y puede verse más completo en este link.  No me imaginé tampoco que iba a contagiarme de la buena vibra que genera nuestro Papa, a pesar de saber que es un ser humano y tuvo y tendrá errores como todos. Más

Estar acá

Título: Héroes modernos

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Mey

Editorial: Sigmar

Tenerlo en mis manos es un sueño cumplido. Y es tan raro eso. Porque por un lado es genial, genialísimo, cumplir un sueño pero por el otro uno extraña el moscardón en la panza, esa ansiedad que siente por no saber todavía si va a poder lograrlo o no.

El día que cerraba el plazo del Premio Sigmar 2011, mandé el manuscrito. Ese mismo día lo imprimí, elegí un título y me fui al correo. No estaba súper orgullosa de él (siempre hay cosas para pulir, reescribir y reformular) pero la noche anterior había soñado con Mamama, que me decía algo así como “Qué lástima que no te animaste a participar del premio Sigmar”.

El sueño, lógicamente, tenía su explicación: unas semanas antes yo había estado evaluando el asunto: ¿participio o no participo? Había releído varios de mis cuentos y no se me ocurría cómo unir unos con otros, cómo meterlos en una misma antología ni que título usar.

–No. No participo.

Y con ese mandato a mí misma, creí que me olvidaba de Sigmar.

Pero la noche previa al cierre tuve el sueño. Y me levanté pensando: qué tonta que no participé, ¿qué podía perder? Y me conecté a internet de pura masoquista, para enterarme cuándo tendría que haber mandado el manuscrito y…¡¿hoy?! Elegí un cuento, dos, tres. Conté caracteres. Les puse un título, incluso una dedicatoria. Y un epígrafe de Elvira Lindo que me vino como anillo al dedo para justificar el nombre de la antología.

Mis héroes modernos son Pavilongo (o Pablo), Milena y Mariano. Tres niños que deben enfrentarse a este mundo duro que nos toca en suerte y desde su inocencia vencer el prejuicio, el miedo, las etiquetas impuestas por los adultos y las injusticias de una sociedad que tiende a determinar nuestro lugar en el mundo por lo que tenemos o dejamos de tener. El epígrafe de Elvira Lindo lo saqué del primer Manolito Gafotas, de esa escena genialísima en la que los nenes van disfrazados de “palomitas de la paz”  porque así lo quiso su Sita Asunción aunque ellos hubieran preferido ser supermanes y hombres arañas.

Fue tan divertido escribir estos cuentos; tan liberador. Hay mucho de mi historia en ellos. De mi infancia. De mis hijos. De mis propios prejuicios. De mis miedos y fantasmas. De mis ganas de salvar el mundo.

Que el libro mereciera una Mención de Honor fue una caricia al ego, no lo niego. A veces las necesito porque son muchas las ocasiones en las que me siento “ninguneada”  en este medio. Cuando sos nuevita, así, como yo, te miran raro.  Con desconfianza. Piensan, supongo, que tuviste suerte. O palanca.  Que tenés aires de grandeza o que pensaste “Me voy a meter en LIJ porque no tengo nada que hacer”. Es que todavía no sospechan que no sabés hacer otra cosa. Que te gusta tanto escribir, pero tanto, que aunque te ninguneen, aunque te sigan mirando raro, vas a seguir haciéndolo. Ganes o no ganes un premio. Te publiquen o no te publiquen. Porque escribir es tu vida. Escribir sos vos.

Héroes modernos es entre mis libros probablemente el que más tiene que ver conmigo. El primero, además,  que me puso en la “vidriera”, aunque esté allá, todavía de coté y en el último estante. Para eso sirven los premios, para que empiecen a registrarte. A darte, por fin, una oportunidad. No sé si llegaré más lejos, pero estoy acá. Y eso, ya de por sí, es un tremendo premio.

Viaje iniciático

Título: Puras mentiras

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Luciana Carossia

Editorial: Lúdico

No puedo reseñarme a mí misma. Por lo bueno y por lo malo. Si elogio lo que me gusta, no queda bien. Si pego en los puntos flacos, pego con todo: no tengo nada de diplomacia conmigo misma; puedo llegar a ser terriblemente cruel, lo que me llevaría a ser injusta con mucha gente. Porque un libro es el producto de un trabajo colectivo. Puras mentiras, más allá del texto, tiene una edición  lindísima: bello papel, buena calidad de impresión. Y un  trabajo impecable de Luciana.  Incluye ilustraciones que enamoran: como la de la abuela Ipi con sus alas de ángel cobijando a Kumiray. Es, además, un libro que viene a cumplir un sueño postergado. Nuestro primer proyecto juntas. En mi casa de soltera, todavía guardo una ilustración que Luciana hizo sobre un cuento mío cuando estábamos en el colegio secundario.  Recuerdo su modo de elogiarlo: “Me sorprendiste. Creí que escribías como Poldy Bird, que ibas a empalagarme”. Entonces no sabíamos, ni ella ni yo, que íbamos a dedicarnos a esto. Mucho menos que compartiríamos las ganas, la visión, los valores, los proyectos, las metas. Porque queremos cosas increíblemente parecidas. Las dos podemos morirnos de hambre antes de renunciar a nuestro sueño de hacer bien las cosas. De intentarlo al menos. Odiamos (y padecemos, a veces) a los mismos editores. Admiramos a los mismos maestros. Nos queremos. Nos respetamos. Nos complementamos. Y toda esa energía junta fue a parar al libro.

Puras mentiras fue  libro sin acomodos. Sin lobby. Sin amigos que nos presentaran. De eso sí me siento orgullosa. Porque soy consciente de que recién estoy empezando. No me llueven las propuestas de trabajo, pero tampoco claudico en intentarlo. Por tercera vez presenté un manuscrito en una editorial desconocida, sin “palanca” de ningún tipo.  La primera vez pudo ser suerte. La segunda, un obsequio de la vida. Esta tercera ya la siento como un mandato. Como si el destino me dijera: “¿No ves? ¡No es imposible! Siempre hay que volver  a intentarlo”.  Puras mentiras me recuerda eso más que ningún otro libro porque los dos cuentos que integran la antología fueron antes proyectos malogrados. Proyectos a los que había que darle otra vuelta de tuerca para hacerlos funcionar. Y  funcionaron. Más

Sueño concretado

Título: La manzana de Blancanieves (y otros cuentos enrimados)

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Perica

Editorial: Pequeña Aldea

Una vez más, no puedo reseñarme a mí misma. Reservo este espacio, entonces, para contar que la publicación de este libro me hace inmensamente feliz. Será por las idas y vueltas, porque estaba encajonado y de pronto volvió a ver la luz, porque tiene una historia personal y significativa, porque concretar un sueño es maravilloso  y volver a creer en él, más aún. La edición de Pequeña Aldea es deliciosa. Y las ilustraciones de Perica, divertidas, llenas de color y buen humor.  

Aquí les dejo dos de los cuentos enrimados: uno le pone título a la obra; otro,  punto final. 

La manzana de Blancanieves

Ya lo ven, por esa bruja
me ha quedado mala fama.
¡Justo a mí, que soy sabrosa,
rica en fibras, linda y sana!

¿No podía la ladina
usar una mandarina?
¿una uva, una ciruela,
una banana, una pera?

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