En mi salsa

Título: Cartas y cuentos con historia

Autora: Mabel Pagano

Editorial: Comunicarte

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Cuando estaba cursando mi cuarto año en la universidad, tuve una crisis existencial. Me había dado cuenta de que la carrera de Letras no era lo que yo pensaba. Yo quería escribir, y no me estaban preparando para eso. Me hacían leer un montón, claro; pero yo ya leía un montón antes de empezar la carrera… Entonces me picó el bichito de la Historia; porque si había algo que me fascinaba en un relato eran los modos de construcción del mundo posible. ¿Cómo hacía un escritor para retrotraerse a un lugar y a un tiempo lejanos y describirlo de tal manera que pareciera que él mismo había estado ahí; que él mismo había vivido en esos días?

Entonces fotocopié el plan de estudios (no, no eran tiempos de internet) y me pasé un par de días pensando si me convenía empezar otra carrera (no me planteé dejar Letras, porque lo disfrutaba, pero sí empezar a estudiar paralelamente Historia) o mejor esperaba a recibirme.

Lo único que llegué a hacer fue cursar Antropología en el CBC (las otras cinco materias ya las tenía aprobadas por el plan curricular de Letras) y, la verdad, aunque finalmente nunca empecé Historia (nació mi primer hijo y las prioridades tuvieron que reacomodarse) me recuerdo cursando con alegría y leyendo el material con devoción. Desde entonces soy estudiante autodidacta, me gusta cada tanto leer algún texto académico de otros terrenos disciplinares (no solo Historia; también Antropología o Filosofía o Artes) y me encanta especialmente embarcarme en alguna lectura literaria que tenga algún contexto más complejo que la pura ficción.

Así que recibir este libro de Comunicarte fue un alegrón. Pensar en abordar un libro lleno de cartas y cuentos con historia me predispuso súper bien, de entrada.

Me gustaron mucho más los cuentos (“Un secreto en el río”, “Cuidar a la abuela”, “Ingleses a la sombra” y “Asalto al fortín”) que las cartas (“Como hermanos”, “Noticias desde Chile”, “Carta al padre”, “Carta desde la colonia”, “Carta con susto”, “carta a un hermano soldado”). Será porque cuando te metés con la Historia es mucho más fácil agarrarte de un narrador externo que puede tomar cierta distancia frente a los hechos que cuenta. Teoría que se me cae en parte con uno de los cuentos, el que trata sobre las invasiones inglesas, que tiene un narrador protagonista (incluso con voz infantil) y no por esto pierde fuerza el verosímil.

En el género epistolar, tan íntimo como es, el narrador está siempre demasiado expuesto y, cuando se trata de un relato enmarcado en un contexto histórico puntual,  puede que los hilvanes del discurso queden a la vista sin querer. Me gusta, por ejemplo, que el diálogo entre Rosas y Lavalle tenga lugar antes de su enfrentamiento, pero no siempre la voz de Rosas me resultó auténtica (los hechos a veces se enumeran como en un anal de historia y el punto de vista parece estar tercerizado de algún modo, como si Rosas pudiera verse desde afuera y juzgar sus acciones tomando cierta distancia de ellas).

De las cartas que escriben Merceditas y Dominguito, me gusta cómo se describe el entorno íntimo. Me gusta, por ejemplo, la postal de la madre leyéndole la carta de su padre al hijo. Y la perspicacia de éste para descubrir en un gesto los celos de la mujer cuando su marido cuenta que ha asistido a un baile en Buenos Aires. Lo que no sentí tan genuino es el tono infantil. Está bien que era otra época y puede que los chicos fueran más formales, pero de ahí a hablar y pensar como un adulto a los siete años… Hay algo que tiene que ver con la inocencia, con la ingenuidad, con la mirada desprejuiciada de los chicos que, me parece, va más allá del contexto histórico o social. Pero puedo equivocarme, claro, habría que viajar al siglo XIX para estar seguros y constatar cómo eran las cosas de verdad.

Algo que me gustó mucho del libro es la diversidad. Si bien todos los cuentos y relatos giran en torno a nuestro país, Pagano no se estancó en una época sola. Nos habla de los tiempos de la independencia y de Las Malvinas; de los colonos italianos y de los aborígenes. De calamidades militares y de las otras, como la peste amarilla, que también supo cobrarse innumerables muertes.

El pequeño extracto informativo detrás de cada texto, por último, me pareció genial. No hay que olvidar que es un libro destinado a los niños y es fundamental reponerles cierta información para que no se pierdan. Extrañé en “Cuidar a la abuela” algún párrafo sobre Guido Spano ya que es un personaje importante en el relato y hay mucho que podría contarse de él. Por lo demás, me pareció perfecto: la información siempre es concisa y clara; y el hecho de que se aclare la fuente legitima la autenticidad de los hechos narrados y a la vez permite que el lector averigüe un poco más, si quiere.

El libro forma parte de la colección “el llavero”, y está destinado a niños mayores de 11 años.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mabel Pagano
    Oct 05, 2016 @ 22:12:41

    Muchas gracias por tu detallada e inteligente reseña, Sol. Hiciste un análisis minucioso de mi libro, lo que supone una atenta lectura y eso, para un autor, es muy gratificante.

    Responder

    • solsilvestre
      Oct 05, 2016 @ 22:19:50

      ¡Gracias a vos, Mabel! Buscaré por mi cuenta otros textos tuyos. Me gusta mucho la historia y por lo que estuve viendo el relato histórico es uno de los géneros que más trabajás. Estoy segura de que voy a disfrutarlos. Besos y gracias pro dejar huella,

      Responder

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