¿Y vos cómo lo ves?

Título: Una tarde, tres historias. 

Autora: Florencia Gattari

Ilustradora: Virginia Piñón

Editorial: Sigmar

Una tarde, tres historias.

Este libro, que fue finalista del Premio Sigmar en 2011, apuesta todas las fichas a un elemento fundamental del universo discursivo: la focalización. La multiplicidad de narradores (tres, como indica el título) nos permite observar una misma situación desde ángulos distintos. La idea es genial y la prosa de Gattari –como siempre– ágil y divertida.

De los tres narradores, me gustó especialmente el primero. La voz de Ernesto es simpatiquísima. La observación detallada (que se corresponde muy bien con el perfil de un niño-científico) nos hace extrañar permanentemente sobre las cuestiones más triviales. Las teorías e hipótesis que el niño va elaborando, además de ser cómicas, son súper tiernas y es fácil encariñarse con el personaje. Tanto, que cuesta un poco sobrellevar el cambio de narrador. Más

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Estar acá

Título: Héroes modernos

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Mey

Editorial: Sigmar

Tenerlo en mis manos es un sueño cumplido. Y es tan raro eso. Porque por un lado es genial, genialísimo, cumplir un sueño pero por el otro uno extraña el moscardón en la panza, esa ansiedad que siente por no saber todavía si va a poder lograrlo o no.

El día que cerraba el plazo del Premio Sigmar 2011, mandé el manuscrito. Ese mismo día lo imprimí, elegí un título y me fui al correo. No estaba súper orgullosa de él (siempre hay cosas para pulir, reescribir y reformular) pero la noche anterior había soñado con Mamama, que me decía algo así como “Qué lástima que no te animaste a participar del premio Sigmar”.

El sueño, lógicamente, tenía su explicación: unas semanas antes yo había estado evaluando el asunto: ¿participio o no participo? Había releído varios de mis cuentos y no se me ocurría cómo unir unos con otros, cómo meterlos en una misma antología ni que título usar.

–No. No participo.

Y con ese mandato a mí misma, creí que me olvidaba de Sigmar.

Pero la noche previa al cierre tuve el sueño. Y me levanté pensando: qué tonta que no participé, ¿qué podía perder? Y me conecté a internet de pura masoquista, para enterarme cuándo tendría que haber mandado el manuscrito y…¡¿hoy?! Elegí un cuento, dos, tres. Conté caracteres. Les puse un título, incluso una dedicatoria. Y un epígrafe de Elvira Lindo que me vino como anillo al dedo para justificar el nombre de la antología.

Mis héroes modernos son Pavilongo (o Pablo), Milena y Mariano. Tres niños que deben enfrentarse a este mundo duro que nos toca en suerte y desde su inocencia vencer el prejuicio, el miedo, las etiquetas impuestas por los adultos y las injusticias de una sociedad que tiende a determinar nuestro lugar en el mundo por lo que tenemos o dejamos de tener. El epígrafe de Elvira Lindo lo saqué del primer Manolito Gafotas, de esa escena genialísima en la que los nenes van disfrazados de “palomitas de la paz”  porque así lo quiso su Sita Asunción aunque ellos hubieran preferido ser supermanes y hombres arañas.

Fue tan divertido escribir estos cuentos; tan liberador. Hay mucho de mi historia en ellos. De mi infancia. De mis hijos. De mis propios prejuicios. De mis miedos y fantasmas. De mis ganas de salvar el mundo.

Que el libro mereciera una Mención de Honor fue una caricia al ego, no lo niego. A veces las necesito porque son muchas las ocasiones en las que me siento “ninguneada”  en este medio. Cuando sos nuevita, así, como yo, te miran raro.  Con desconfianza. Piensan, supongo, que tuviste suerte. O palanca.  Que tenés aires de grandeza o que pensaste “Me voy a meter en LIJ porque no tengo nada que hacer”. Es que todavía no sospechan que no sabés hacer otra cosa. Que te gusta tanto escribir, pero tanto, que aunque te ninguneen, aunque te sigan mirando raro, vas a seguir haciéndolo. Ganes o no ganes un premio. Te publiquen o no te publiquen. Porque escribir es tu vida. Escribir sos vos.

Héroes modernos es entre mis libros probablemente el que más tiene que ver conmigo. El primero, además,  que me puso en la “vidriera”, aunque esté allá, todavía de coté y en el último estante. Para eso sirven los premios, para que empiecen a registrarte. A darte, por fin, una oportunidad. No sé si llegaré más lejos, pero estoy acá. Y eso, ya de por sí, es un tremendo premio.

Cuentos para jugar

Título: El afinador de mosquitos

Autora: Valeria Dávila

Ilustradora: Melina Canale

Esta antología de cinco cuentos obtuvo el Segundo Premio en el Concurso Sigmar de Literatura Infantil 2011. Tuve la suerte de conocer a Valeria Dávila, una joven periodista y maestra que supo cómo hacerse camino al andar en esto de escribir cuentos para chicos.

Nos sentamos una al lado de la otra el día de la premiación (a mí me habían dado una Mención por Héroes modernos) y enseguida nos pusimos a charlar de cualquier cosa. Valeria es sencilla, simpática, encantadora (¡parece una maestra!) y en cuanto agarró el micrófono nos eclipsó: al contrario de lo que me pasa a mí, que me llevo mejor con el discurso escrito a pesar de haber estudiado teatro por 8 años, a ella se la veía cómoda y tranquila en su rol de oradora. Recuerdo lo que dijo como si no hubiera transcurrido todo un año desde aquel día.

Habló de lo maravilloso que era saber que iba a ser leída por tantos niños en diferentes puntos del país, de sus letras llegando tal vez a alguna escuelita del Interior para traspasar los límites del libro y “vivir” (creo recordarla enfatizando esta palabra como si ninguna otra se ajustara a la idea que ella estaba queriendo transmitir) por un ratito en la intimidad del aula.

No pude evitar, mientras iba avanzando en la lectura, recordar todo esto. En cómo estaría sentada la maestra en el aula (¿tal vez apoyada en el escritorio?) mientras iniciaba la lectura en voz alta. Me imaginaba una ventana enorme, llena de luz, y una música tenue de fondo. El grupo de los chicos, expectante, silencioso y atento a las letras de Valeria que inundarían el aula. Más

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