Mucho más que fútbol

Título: Papeles en el viento

Autor: Eduardo Sacheri

Editorial: Alfaguara

portada-papeles-viento_med

La voz de Sacheri me conmueve. La voz, y no la historia (o sí la historia, pero por esa voz que se mete adentro para hacerme enojar y sonreír y sobresaltarme y llorar. Por todos esos estados pasé durante la lectura). El libro habla de fútbol, y a mí el fútbol me importa poco. Sin embargo, no pude dejar de leer. Porque el fútbol, en realidad, es una excusa para hablar de otras cosas. De la amistad, sobre todo. De cómo atravesamos las pérdidas y enfrentamos (o no) la muerte. De lo importante que es “dejar fluir”, dejar que las cosas vayan por el lado que quieran (como los papeles en el viento) pero, también, tomar decisiones. Porque con decisiones se avanza, se persiguen sueños, aunque los sueños no se cumplan tal como los soñamos y después tengan su vuelo propio.

A ver si me ordeno. Los personajes son entrañables. Queribles hasta el punto de que duele dejarlos: ¿cómo estaré mañana sin saber del mono, del ruso, de Fernando; de Mauricio, incluso, aunque lo odié con pasión? ¿de Cristo y del Polaco, que desde las sombras, ayudan a pintar el escenario? Porque la vida es así, a veces tan distinta a los estereotipos que uno tiene en la cabeza: el que anda por la calle como un rey termina siendo un pobre tipo, el empleado de mal aspecto que te levanta un negocio en ruinas, el abogado exitoso siempre rodeado de gente pero también tan solo, el amigo de pocas luces que te resuelve un problema que parecía insalvable. Porque, ay, cómo lo quise al ruso. Al ruso que es un boludazo (no lo digo yo, sino el mono) pero tan ingenuo, tan simple, tan necesario en este mundo voraz que a veces duele tanto.

Con los personajes de Sacheri me pasa esto (me pasó con el Sandoval de La pregunta de tus ojos): no sé si me daría la oportunidad de conocerlos en la vida real. Porque somos distintos, reaccionamos de forma diferente y hasta diferimos en nuestros valores. No siento identificación con ellos y, sin embargo, me representan. Porque en el fondo sí, en lo más íntimo del ser humano, son exactamente así como yo soy. O mejor: como yo quisiera ser. Y entonces es imposible no quererlos, no desear lo mismo que ellos desean, no enojarme con ellos cuando reaccionan mal o querer abrazarlos cuando se decepcionan. Dentro de ese mundo posible que construye el autor tan meticulosamente, dentro de la ficción que yo acepto como verdad el tiempo que dure la lectura, yo misma soy diferente y tomo partido por cosas con las que no necesariamente acordaría en la vida real. Hasta ese punto me toca la literatura, me ayuda a tomar distancia de mis propios prejuicios, a darme cuenta de que yo sería perfectamente capaz de enamorarme de alguien como el Ruso. Un dejado, ¿un vago?, un tipo sin ambiciones al que todo le da igual, que se la pasa jugando a la play mientras las deudas se amontonan. Pero también un tipo que adora a su familia, que recorre mil kilómetros con cuatro pesos en el bolsillo solo para poder ayudar a un amigo, que considera a sus empleados como compañeros, que “es incapaz de hacerse problema durante más de diez minutos seguidos sin que la felicidad lo distraiga”. ¿Cómo no voy a enamorarme, si el tipo –más allá de sus fallas– es todo lo que a mí me gustaría ser?

La prosa es rítmica y poética. Incluso cuando aparece el lenguaje soez, porque está ahí no para provocar (como se me antoja que ocurre, por ejemplo, en El pasado de Alan Pauls, o en Cronología de la furia de Guillermo Cácharo) sino para construir escenas verosímiles. Los diálogos fluyen, aceleran la lectura y nos acercan a los personajes. Pero también hay un narrador que hilvana con cuidado la trama para que no queden hilos sueltos; que sabe soltar su propia voz para tejer un montón de recursos que evitan el relato cronológico y estereotipado: estilo indirecto libre, prolepsis, analepsis, pausas descriptivas, un juego complejo de focalizaciones que nos llevan de un personaje a otro y del vistazo general y panorámico al detalle del primer plano. Los indicios, dejados como al descuido, logran que la sorpresa del desenlace no se convierta en engaño. El final sorprende, sí, pero no tanto: hubo más de un guiño (sutil y por eso mismo, efectivo) para el lector, que tuvo en frente todas las piezas aunque no fuera capaz de ubicarlas.

Y me gusta, en Sacheri, la justicia poética. Porque será un procedimiento antiquísimo y atentará contra la verosimilitud y esta última moda de los finales infelices que se entienden mejor con el mundo real, pero a mí me regocija ver –aunque sea en la literatura– a los personajes que no se resignan con su suerte y salen a buscar lo que les falta, que logran cambiar su destino y dar cuenta de que es posible (y necesario y hasta imperativo) atreverse a soñar. Y esa justicia poética es la que me saca el gusto amargo cuando tengo que soltar al Mono (como tuve que soltar a Sandoval en La pregunta de tus ojos) y aceptar que la muerte es parte de la vida y aunque duela (en la literatura y en la vida) no empaña el final feliz.

Que transcurra en mi barrio y yo conozca las calles, las zonas que se mencionan, los colegios, los bares y las plazas es un plus que me tocó en lo personal. La película no la vi (todavía) pero estoy ansiosa por saber si estará a la altura de un texto que me pareció bello, íntimo y emotivo. Si estuviera trabajando en el secundario todavía, sería mi primera propuesta de lectura. Es un libro para disfrutar con los jóvenes, con los que saben de fútbol y los que no; para debatir en el aula y hacernos interrogantes sobre cómo se construye un mundo creíble y sólido en la literatura. Pero también para hacernos preguntas sobre la vida.

 

 

 

Anuncios

4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Marisa Pérez Alonso
    Ene 26, 2015 @ 15:09:01

    Querida Sol. Me emociono y me río sola cuando ocurren estas coincidencias. Ayer comencé a leer “Papeles en el viento” y, aunque me gusta mucho el fútbol, más me gustan los temas de amor. Y en esta novela, el amor está muy repartido entre personajes que no estamos acostumbrados a querer. Además quería rescatar que tu apasionamiento por la lectura y por escribir sobre ella me llenan de ganas de continuar. Después te cuento, por aquí mismo, cuando termine de leer la novela.

    Responder

  2. Leandro Pigó
    Jun 14, 2015 @ 14:35:03

    Muy buen libro! Todavía no pude ver la peli

    Responder

  3. solsilvestre
    Nov 13, 2015 @ 23:52:14

    ¡Gracias, Leandro, por tu comentario! A mí el libro me gustó más que la peli. Después contame qué te pareció a vos. Beso,

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: