De mascotas improbables y madres bicheras

Título: ¡Nada de mascotas!

Autora: Melina Pogorelsky

Ilustradora: Rocío Alejandro

Editorial: Edelvives

 

Meli

 

Hay chicos que se quieren traer cualquier bicho a casa. Hay madres (generalmente las que son bicheras) que, aunque dicen que no, terminan aflojando siempre. Yo tengo una amiga, Lili, que es así: sus hijos han tenido lagartos, serpientes, tarántulas, lechuzas, teros, escorpiones, garzas, patos y una vez volvieron del centro de Lanús con un caballo. Sí, con un caballo.

Mientras leía ¡Nada de mascotas!, Lili estuvo en mi cabeza todo el tiempo. Aunque la historia, claro, se dispara para lugares impensados. Porque aunque estoy segura (segurísima) de que Lili no hubiera dudado en traerse una ballena ni un dragón a casa, nuestro mundo efectivo es mucho más limitado que el literario.

Pogorelsky no desatiende eso y construye la coherencia del texto en lo mejor que tiene la infancia: la imaginación. La ballena que se encuentra el protagonista no solo puede vivir en una bañera: ¡también se desinfla como un globo! El enorme dragón que atrapa con una minúscula red (de acuerdo a la lectura del texto, preciosa y colorida, que hace Rocío Alejandro) termina del tamaño de una pelota de tenis y se sube, obediente, a la bicicleta. El nene no solo encuentra mascotas fabulosas, también es capaz de levantar una obra de ingeniería en el baño para que los nuevos integrantes de su familia puedan jugar.

Acorde con la colección (Ala Delta, para pequeños lectores), la autora estructura el cuento en la iteración. De los sonidos (Apenas pesqué la ballena, supe que era un problema), de las frases (“Me la/o llevo. Seguro que, cuando mamá la/o vea, no va a poder decir que no”) y de las situaciones: una, dos, tres veces el pequeño protagonista va resolviendo los problemas que se le presentan.

El desenlace es de los que me gustan a mí: un giro que corta la iteración y permite dar un cierre (si no, siempre estamos como en el cuento de la buena pipa): un intercambio de roles (es la mamá y no el nene quien propone la solución y él termina diciendo lo que siempre decía ella) y un nuevo animalito adorable que instaura la armonía en el hogar.

Para niños mayores de 4 y madres como vos, Lili, que –si pudieran– se traerían un elefante a casa.

 

 

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