Loa a las voces nuevas

TítuloLos oficios del lápiz 3

Autores: Maricel Santin, María Magdalena Kelisek, Miguel Ángel Gavilán, Christian Strella, Delia Esther Fernández Cabo.

Ilustradores: Beatriz Cecilia Mariano, María Gabriela González, Ricardo Juan Egles, Josefina Wolf, Patricia Alejandra Fitti.

Editado por: Jitanjáfora

jitanjáfora

Los premios sirven para llamar la atención sobre algunas voces. A veces, están ya consagradas. Y otras, nos sugieren nuevos nombres que, entre el mar de opciones del mundo editorial, podríamos llegar a pasar por alto.

Maricel Santin ganó el primer premio de este concurso y no era desconocida para mí. Habíamos coincidido en la entrega del premio Sigmar 2011 y nos encontramos un tiempo después en la Feria del libro pero en aquel momento (nada raro en mí) no la reconocí. Volvía en el auto, sola, escuchando la radio, cuando me cayó la ficha: “¡Yo sabía que la conocía de algún lado!”, seguro dije en voz alta.

Al día siguiente la busqué por facebook, me disculpé por mi distracción y desde entonces estamos en contacto. Sin duda, es una de mis personas favoritas en este mundillo editorial tan lleno de ególatras.  Y  por eso me alegró tanto el fallo del concurso organizado por Jitanjáfora “Como si la risa pudiera molestar”.

Como Jitanjáfora es una red social para la promoción de la lectura y la escritura, los cuentos ganadores están disponibles en internet. Basta con hacer click en los títulos que detallo para volar hacia allí:  La tía Angélica, de Maricel Santin; Aires de Sapucai, de M. Magdalena Kelisek; Jennifer, la lombriz multicolor, de Miguel Ángel Gavilán; La abuela vizcacha y su vecina, Coco va al doctor y En los pagos de Anchorena, todos de Christian Strella; Rondel del ciempiés y Se armó baile, ambos de Delia E. Fernández Cabo.

Como soy una romántica perdida y además sentí que le debía este gesto a Maricel, busqué el libro. No fue fácil porque la Fundación está en Mar del Plata pero tampoco tan difícil porque mi familia política vive allá y cada tanto viajamos. Lo compré en la Feria del libro que se montó sobre la plaza Mitre, no me acuerdo a cuánto pero súper barato, y me volví réquete contenta a Buenos Aires.

Y ahora sí, pasó a detallar mis impresiones sobre el ejemplar. Como dicen los españoles, tengo una pega; y empiezo por ahí. Entiendo (¡y cómo entiendo!) el hambre de ISBN en el mundo académico. Quiero decir, salvo en algún acta de congreso no es sencillo publicar una ponencia que tal vez nos llevó semanas preparar. Y claro, uno no quiere desaprovechar cuando el universo se ordena para ofrecer una oportunidad y tal vez en el momento de plantar el libro vieron que quedaban varias páginas en blanco que de algún modo había que llenar. No sé si pasó esto, pero fue mi impresión como lectora. El libro se presenta como una antología de literatura infantil ilustrada pero arranca con un largo estudio súper académico que desentona completamente del conjunto. Y es tan académico que si nunca fue leído en un congreso, animaría a sus autoras a que lo presenten en alguno. Lo que quiero decir es que, aunque es interesante y está bien planteado (a mí, que estudié Letras  y tengo algún bagaje en teoría literaria, me resultó ameno y muy claro) no va bien con este libro que no está dirigido a un público especializado. En mi humilde opinión, ni siquiera les sirve a padres y maestros (a los niños, por supuestísimo que no). Y en este sentido pienso en toda esta corriente que proclama el placer de la lectura y que pone el grito en el cielo cuando un libro se publica con actividades para el aula porque (otra vez, desde mi humilde opinión) el aparato didáctico en la literatura infantil me parece mucho menos “destructivo” que el intelectual.

Fuera de esto, Los oficios del lápiz 3 es un libro para disfrutar.  Arranca, a modo de epígrafe, con una poesía muy linda de Andrés Sóbico que se plantea como un juego intertextual y un homenaje a la obra de María Elena Walsh y a la vez le echa un poquito de tierra a todas esas voces que se llenaban de diminutivos y subestimaban a los pequeños lectores (digo, cosas que pasaban antes, incluso mucho más que ahora).

El cuento que se llevó el primer premio (y esto, por favor, que se entienda: no habla el cariño sino la admiración) es genial. Tanto, que me gustaría verlo publicado como obra única, por separado, en una edición linda y bien cuidada, que esté disponible en todas las librerías del país. Es un cuento que recomiendo sin dudar para compartir con chicos de tercero o cuarto grado, para hablar de la muerte sin golpes bajos ni condescendencias. Para reírnos (“Estaba muerta, de algún modo, pero los médicos son tan estrictos…”) y hacernos ver lo importante (“A partir de ese día hizo todo lo que quiso. Vivió cada momento como si fuera el último. Disfrutando de detalles simples, como si todo el sentido se encontrara en los instantes”).

El segundo cuento (y segundo premio) tiene un poco de leyenda y de fábula. Los personajes, animales, son simpatiquísimos y el localismo colabora en la construcción de un mundo posible sólido y divertido: el yaguareté come chipá, toma tereré , duerme en una hamaca paraguaya; el narrador deja escapar cada tanto algún dicho (“la paciencia se le iba yendo como la ginebra al paisano”) y la jerga coloquial (“don Zorro pensaba la mejor forma de probar si su socio había espichado”) le da credibilidad a esa voz. El final escatológico, no dudo, hará reír a los chicos.

El tercer cuento (y tercer premio) se enmarca en un género que no podría faltar en una antología de cuentos para reír: el disparate. Una lombriz super fashion y un artesano propenso a las hipérboles se conjugan en un relato que, de soslayo, le pega al periodismo amarillista.

Los tres poemas de Strella (quien se llevó el primero, segundo y tercer premio en la categoría) cultivan también el disparate y agregan, como es lógico,el componente rítmico: juegos de palabras, jeringoza y aliteraciones. Y también recursos humorísticos de la vieja escuela: hipérboles y equívocos.

Por último, los poemas de Fernández Cabo que merecieron mención, cultivan la musicalidad de los versos a través de la aliteración, el paralelismo sintáctico, la repetición, la paronomasia y la rima.

En síntesis, un conjunto de textos bien escritos y divertidos para niños a partir de 8. Y que sigan los concursos llamando al atención sobre esas nuevas voces que a veces se pierden en el barullo general de las más conocidas.  Vale la pena escucharlas.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Christian
    Ago 19, 2014 @ 20:30:52

    Muchas gracias!
    Me alegra que te haya gustado el libro… a mí también me gusto mucho el cuento ganador!

    Christian

    Responder

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