Sin palabras

Título: Gatopato

Autor: Cucho Cuño

Editorial: Pequeña Aldea
PA Gato Pato - Tapa_Page_1

El libro merece mirarse así: tapa y contratapa. Merece mirarse y punto. Porque Cuño nos regala una historia deliciosa toda hecha de imágenes (apenas alguna interjección por ahí, pero nada que apañe la mística de saber contar sin palabras).

Gatopato es adorable. Es un gato como cualquier otro, remolón y simpático. Y enfrenta un problema de identidad que enseguida lo lleva a horrorizarse. A inundarse (¡literalmente!) en su propio llanto. Hasta que de a poco empieza a olvidar su pasado de gato para  ser ese otro que le muestra el espejo.

Puede que al principio parezca un poco incómodo o preocupado, pero enseguida lo vemos disfrutando su nuevo papel. Como si dejar de ser quienes somos, aunque sea por un rato, fuera, después de todo, parte de nuestro ADN.

Pero tarde o temprano, claro, nos daremos contra la pared (o contra la ventana),  y qué curioso: justo en el momento en que estábamos a punto de volar,  para volver a ser quienes  ¿tenemos que? ser.

 El final es precioso, porque nos deja flotando la idea de que, tarde o temprano también, volveremos a escaparnos de la realidad. Volveremos a buscarnos, a explorar nuestras posibilidades y a vivir nuestras múltiples vidas.

Esto si hacemos una lectura existencial (por suerte, la mía no es la única: habrá alguno menos soñador que yo que, al contrario, aplauda el hecho de que Gatopato vuelva a poner sus patitas sobre la Tierra) porque lo verdaderamente rico del libro es la multiplicidad de sentidos que nos ofrece. Probablemente gracias a que no hay palabras que nos manipulen a pensar en una dirección antes que en otra. También es perfectamente válida una lectura más simpática y menos reflexiva, la que seguramente hará el pequeño lector (por lo que, en última instancia, será la más válida de todas): ¡Qué personaje este gatopato! Y qué divertido es.

Para pequeñísimos. Y no tanto, si están listos para aceptar que la lectura no siempre necesita palabras. Un buen argumento para defender una premisa que ronda por nuestros días: los ilustradores también son autores. Cuño da cuenta de esto.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Diego Javier Rojas
    May 18, 2013 @ 00:22:02

    El libro es delicioso!
    Si la dueña del blog me permite quisiera recomendar otro ilustrado por Cuño y texto de Alejandra Erbiti “Cecilio no concilia el sueño” Pequeña Aldea

    Responder

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