Sin prejuicios

«Hay tres cosas de las que estoy completamente segura. Primera, Edward es un vampiro. Segunda, una parte de él se muere por beber mi sangre. Y tercera, estoy total y perdidamente enamorada de él».

Título: Crepúsculo

Autora; Stephanie Meyer

Editorial: Alfaguara

crepusculo_meyer

Una de las cosas que más me irritan en este mundo son los prejuicios. Será por los ámbitos en que me muevo. Cuando empezás a enseñar en la Universidad (y más si estás apenas recibida) tus pares te miran con un poco de desprecio. A mí llegaron a decirme “chiquita” y en un examen final (me acuerdo y sangro) no me dejaron pasar la nota en una libreta:

–Dejame a mí, mejor. A ver si te equivocás…

Cuando empecé a ganarme el respeto de mis pares en la UBA, para colmo, se me ocurrió empezar a publicar. Para qué. El prejuicio me llegó de los dos lados: de mis compañeros de cátedra (que ahora se bancaban que fuera docente y hasta empezaban a considerarme buena, pero de ningún modo les cabía en la cabeza que pudiera convertirme en escritora) y del mundo editorial. Porque nadie pone dos pesos en un nombre nuevo. Habrás llegado por acomodada, por palanca, porque hoy se publica cualquier basura, pero seguramente no porque te lo merezcas. No porque tengas algo lindo para contar. No porque naciste para esto y resulta que de tanto insistir la vida quiso darte la oportunidad.

Está bien: hay que curtirse. Es el derecho de piso que hay que pagar, y si realmente estás volcado a la escritura con la pasión y la entrega que yo siento, te la bancás. Todo te lo bancás. Porque el dolor que te provoca el ninguneo, no puede compararse ni por contraste con el inmenso placer que  sentís, por ejemplo, cuando en una escuela algún chico te dice que se mató de risa con esta o aquella parte de tu cuento.  Por un comentario así, valen todas las piñas del planeta. No me reseñen, no me registren, no me vendan en todas las librerías: pero déjenme tener un comentario como ese al menos una vez al año. Aunque lo escuche yo nada más. Con eso (de verdad) ya estoy hecha.

Lo que quiero decir con todo esto es que con mi vastísima experiencia como objeto de prejuicio tanto a nivel intelectual como creativo (y que conste en actas: que se pongan en entredicho estas cualidades en una docente universitaria y escritora supone no solamente un problema de autoestima sino también uno más grave de tipo existencial: ¿qué estoy haciendo de mi vida?), no puedo menos que sensibilizarme cuando veo a todo el mundo levantando el dedo contra una “nueva” escritora (ya sé que ya no es nueva, pero lo fue y al principio, estoy segura, las críticas empezaron por eso) que además se da el lujo de vender como loca (con esto, lamentablemente, no puedo identificarme. Snif.)

Así que empecé a leer este libro con ganas de que me gustara. En serio. Absolutamente libre de cualquier prejuicio. Quería que Edward Cullen me fascinara como a tantas adolescentes, que me muriera por leer el siguiente libro de la saga, y no pudiera resistirme a buscar todas las películas posibles antes del fin de semana.

Pero nada de todo esto me pasó. Lo siento. De verdad lo siento infinitamente: pero no me pasó. No me enamoré de Edward Cullen (de hecho, el personaje me resultó bastante repulsivo: demasiado manipulador y petulante para mi gusto) ni me dieron ganas de buscar el siguiente libro. Ni de ver las películas. Nada, nada.

La historia te atrapa (eso no voy a negarlo); Bella está tan metejoneada con el muchacho que querés saber cómo termina. En el caso de las lectoras adolescentes será porque tienen  las hormonas revolucionadas. En el mío porque me sale mi costado de abuela sobreprotectora y me preocupa un poco esta chica que es una cabeza fresca, algo inestable emocionalmente y que, para colmo, tiene muy serios problemas de autoestima.

Descripciones larguísimas y algo afectadas, lugares comunes, metáforas gastadas, literalizaciones que lindan con lo cursi (¡Bella se desmaya cuando Edward la besa!), algunos pasajes bastante cacofónicos (tal vez culpa del traductor, lo sé), un notable abuso de la adjetivación y hasta algunas erratas que no entiendo por qué aparecen si ya se hicieron quichicientas ediciones de este libro (problemas en la correlatividad de los tiempos verbales y mal uso de las preposiciones, solo por mencionarles un par).

Pero de todo, por lejos, lo que más me decepcionó fue la construcción de los personajes. Bella, por ejemplo, es tímida e insegura; pero al mismo tiempo a veces parece que se lleva el mundo por delante: es cruel con sus pretendientes y despectiva con algunos compañeros por su aspecto físico. Tampoco me convence el hecho de que no haya muchacho que no se fije en ella (¡todos quieren llevarla al baile!) aunque es una del “montón”. Es que de a ratos parece que en toda la escuela no hay una chica más popular que ella, pero das vuelta la página y todo se pone patas para arriba: nadie la registra excepto Edward. Tiene una mirada tan triste de sí misma que exaspera (ay, Edward, vos que sos tan perfecto y yo tan poca cosa) pero eso no le impide moverse con soberbia, casi burlándose de todos los amigos que la siguen como perritos falderos. 

Algunas contradicciones, incluso, atentan directamente contra la verosimilitud del personaje: no tiene experiencia amorosa pero sabe que lo mejor de un beso es el instante previo; nunca vio la nieve pero ya tiene un refugio para alejarse de ella; es adolescente pero piensa como adulta: sabe que su padre querría que no se le dispararan las hormonas mientras vivan en la misma casa.

A pesar de todo esto, entiendo que el libro les guste a las adolescentes. Después de todo, está muy claro que Meyer escribió la novela para ellas: antes que una historia de vampiros es una historia de amor. Una historia de amor entre adolescentes cuyos mundos están enfrentados. La misma historia de amor de siempre, con mucha sacarina, que encanta a las jovencitas. Y no intento ser despectiva: también me encantaban a mí. Yo me devoraba las historietas de Susie. Y he leído Corin Tellado. Y Sydney Sheldon. Y Guy de Cars. Y Danielle Steele. Me acuerdo de una colección de Emecé que se llamaba “Mellizas y rivales”: eran el ángel y el demonio personaificados; nos íbamos pasando los distintos volúmenes (que eran incontables) con mis amigas.

No sé si mis amigas de entonces (ya les perdí el rastro a esta altura) seguirán leyendo lo mismo hoy. No sé si seguirán leyendo algo, en realidad. Yo crecí como lectora. Me volví más selectiva (probablemente porque el tiempo ya no sobra y hay que aprovecharlo mejor) y empecé a darme una idea de cuáles son las historias, cuáles los personajes, cuáles las palabras que de verdad me emocionan. Que me dejan pensando. Que me hacen soñar. Y reír. Que me ayudan a transitar el dolor cuando la vida me está pesando.

Lo que quiero decir es que cada uno tendrá que mirar sobre sí mismo para decidir qué lecturas abordar. Porque cuando digo que crecí como lectora, no quiero decir que ahora leo cosas mejores. No. Esas clasificaciones, en este blog,  no. No creo que haya buenos libros y malos libros. Creo que hay buenos libros para unos y malos libros para otros. Que hay libros que me vinieron bien en alguna etapa y libros que prefiero ahora. 

Y Crepúsculo no fue para este momento de mi vida. Esa es mi conclusión. Ni voy a poner el grito en el cielo porque lo lean las adolescentes ni voy a decir que no vale la pena embarcarse en la lectura. Será porque para mí siempre vale la pena embarcarse en cualquier lectura, aunque sea me servirá para conocerme mejor como lectora. Para elegir mejor la próxima vez.

Para mayores de 15, mucho mejor si andan con ganas de enamorarse.

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8 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Lauri
    Mar 08, 2013 @ 21:31:20

    ¡Hola, Sol! Como te anticipé, hoy, después de treinta y pico de años, compré la Billiken…¡Vaya una flor para tu canasto! Resultó que tu cuento no captó la atención de mi niña de casi 5 años, pero sí la mía, claro, y seguro la de los lectores de la revi, que no son tan chiquitines. Me gustó, y me pareció piola enganchar a los chicos con otras historias, con otras lecturas, para aquel que sea curioso y al que pinchaste con las referencias. Se nota allí que vos misma sos muy curiosa y muy lectora, y eso sumado a la vocación de escribir tiene que ser bueno. Pagar derecho de piso, no lo es tanto…¿Quién inventó esa odiosa regla? Creo que es una forma de justificarse que les viene de periquete a los prejuiciosos, a los que no quieren abrirse a compartir conocimientos adquiridos con los que aún no los tienen, a los que desmerecen a los que por todo equipaje traen una pasión, y ganas, y dedicación. Así que, sí, el derecho de piso se paga, mal que nos pese, pero es una práctica que no tiene por qué ser llevada adelante por nadie, o al menos por nadie que se precie de ser buena gente…
    En cuanto a “Crepúsculo”… me encantó “El espejo africano”…¡jeje! ¡Gracias por reseñar tan bien!
    Un beso…

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  2. solsilvestre
    Mar 08, 2013 @ 22:27:11

    Laura: ¡Ya te andaba extrañando por acá! Gracias infinitas por todo: por comprar la revista, por leer el cuento, por hacerme una devolución. Sí: hay referencias que no sé si pescarán los chicos, pero viste cómo son estas cosas. Cuando se da, hay que aprovechar aun en los casos en que no es posible agregar notas al pie.
    Te mando un beso grande, y gracias porque son un verdadero pilar en este blog.

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  3. Tatiana Quiroga
    Abr 10, 2013 @ 02:58:34

    Admiro tu sinceridad al reseñar. Da gusto leer tu blog. Cariños

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  4. Marisa Pérez Alonso
    May 17, 2013 @ 19:07:58

    Hola Sol. Andaba con ganas de escucharte y te agarré justo, justo subida al banquito de opinar. Sabés que a mí me pasa algo por el estilo con lo del derecho de piso, pero no me doy por enterada. ¡¡A palabras envidiosas, oidos vestidos de amarillo!! Bueno, resulta que además descubrí que el análisis que hacés de Crepúsculo es impecable. Además de considerar cosas que se me pasaron por alto, tu prosa florece de frescura y buen humor. Me encantó leerte. Y a propósito de los comentarios: ¿En qué revista Billiquen publicaste? ¿La puedo conseguir todavía? Un abrazo.

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    • solsilvestre
      May 17, 2013 @ 19:19:50

      ¡Muchas gracias, Marisa! Es un placer que pases por acá. Si entrás a mi página del facebook vas a encontrar un álbum con los cuentos de Billiken escaneados (no gastes plata, leelos por ahí, total son recortitos). También están en mi blog (esto es por si te perdés en el face:-)

      Te mando un beso grande y mil gracias de nuevo por la buenísima onda.

      Responder

  5. Juliana
    Nov 02, 2013 @ 16:10:14

    Qué hermoso Sole, leo y esto y de alguna forma se me abren los ojos. Me encantò.

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