La escritora y la persona

“Después le muestran la ecografía, que es como una foto de lo que pasa adentro de la panza. Toni cuenta: dos brazos, dos piernas, cabeza, panza y cola.

Seis años pueden ser pocos para algunas cosas, pero para otras son suficientes. Toni lo sabe inmediatamente: ningún medio hermano, eso es un hermano entero”. 

tapa NUEVE MESES

Título: Nueve meses

Autora: Florencia Gattari

Ilustradora: Eulalia Cornejo

Editorial: Libresa

Florencia Gattari no para de publicar. Cada vez que entro al facebook aparece algo nuevo. Yo voy anotando los títulos. Y van uno, dos, tres.  Y entonces me doy cuenta de que si no empiezo a ponerme al día, jamás le podré seguir el tren.

Y es un tren que no quiero perderme. Porque me gusta Gattari. Me gusta la escritora, que me hace reír y me conmueve. Me gusta la música que sale de sus palabras. Me gusta su fina ironía y su compromiso con lo que importa. Que no sé si es lo que le importa a todo el mundo, pero es también lo que me importa a mí.

Florencia también me gusta como persona, y puede que esto suene un tanto irrelevante en un blog de reseñas, pero como no diría que este es un blog de reseñas sino un blog personal en donde se hacen reseñas, yo me voy a dar el gusto de cometer todas las impertinencias que quiera. Así que –como soy democrática– para los que quieran ir al grano: es decir, para aquellos que quieran leer solamente el comentario crítico de Nueve meses, va la siguiente recomendación: retomar la lectura en en el subtítulo “Y aquí empieza la reseña”,  unos cuantos párrafos más abajo. 

Y empiezo mi larga digresión (todavía no la escribí pero sé que las digresiones me salen largas). De Florencia me gusta su sencillez y su humildad. Me gusta que cada vez que postea algo sobre sus libros no se olvida de mencionar quién lo ilustró, por ejemplo. En los comentarios de Florencia siempre es evidente que un libro se hace en equipo, y esto no es una atributo común en un escritor. Porque los escritores suelen ser ególatras, tremendamente soberbios (por lo que les cuesta ver que hay otra gente con ellos en el mundo). Y debe ser algo muy del oficio porque he notado que algunos que no eran presuntuosos en sus inicios comienzan a transformarse con el tiempo.

Pero Florencia, no. Florencia es de esa gente que te mira a los ojos, que acepta tomarse un café con vos, aunque no tengas absolutamente nada que ofrecerle. Que es capaz de decirte “estoy sorprendida” cuando le hacés notar que está avanzando a pasos agigantados. No te dice “gracias” mirándote desde arriba. No se olvida de tu nombre ni deja de felicitarte por tu última publicación, por más irrelevante que sea en el planeta LIJ.  

Florencia sabe que una tiene su coranzocito, una cabeza llena de sueños por cumplir que merecen, por lo menos, el beneficio de la duda. Y siempre me sentiré agradecida por eso. Por no tener nunca una palabra condescendiente conmigo. Por escapar de los extremos: no me me trata como si yo no existiera pero tampoco es exageradamente simpática conmigo (por más triste que suene es real: hay que ver lo que hacen algunos escritores para conseguirse una reseña gratis). Florencia, en cambio, es auténtica: me escribe cuando comento sus libros, pero también cuando comento los de otros (para darme la razón o contarme que no tuvo la misma experiencia de lectura). No deja de felicitarme nunca por mis (pequeños) logros; lo que quiere decir que es atenta, además.

Y encima de todo, es agradable charlar con ella. Siempre es divertido. Siempre, interesante. Siempre me da gusto encontrame con un mail suyo o un mensaje en el face. Y me encanta la justicia poética del universo, porque en lo que va del 2013 vengo viendo que por fin se está haciendo de un lugar  entre los encumbrados. Y me encanta. Me encanta de verdad: se lo merece. La escritora y la persona. Se lo merecen las dos.

Y aquí empieza la reseña: 

Nueve meses me conmovió. En serio me conmovió, es literal: se me llenaron los ojos de lágrimas al final. Supongo que esto tiene que ver con el personaje, que está maravillosamente construido. Toni es un niño de seis años con papás separados que está por convertirse en hermano mayor. Gattari nos invita a explorar todas sus emociones: sus incertidumbres (¿de dónde vienen los bebés? ¿cuál es el trabajo de un hermano mayor?), el miedo frente al cambio (¿qué pasará cuando deje de ser hijo único?) y a ser apartado (hasta su perrita lo hace a un lado desde que su mamá está embarazada), las preocupaciones (¿por qué la casa está en sombras y todos tan asustados?), las ideas (un bellísimo cuaderno lleno de dragones y datos útiles para el hermano, como ser dónde están las galletitas o la bicicleta, o un complejo diagrama familiar para que el nuevo integrante no se pierda en una familia ensamblada).

No faltan ni el humor (es genial cuando se le ocurre que los hermanos pueden encargarse por internet, y que por eso debe ser que no lo dejan acercarse a la compu: “Un error cualquiera y te mandan cinco hermanitos”) ni la poesía (especialmente en el capítulo en que la cosa se pone fea: es un alivio para Toni, y para el lector, verla volver a su mamá “con cara de sol gigante”).

Gattari no descuida, además, a los pequeños lectores: mediante la elipsis y un giro en el núcleo narrativo, por ejemplo, evita entrar en la explicación de cómo llegan los bebés al mundo. Pero a la vez, no los subestima y se permite detenerse en cuestiones profundísimas: familias ensambladas pero no por ello menos amorosas. La comparación con la cartografía es buenísima: los integrantes de las familias como regiones, con límites que  pueden cambiar de vez en cuando. También me gustó la reflexión sobre los hijos únicos: reciben todos los mimos pero también todos los retos. Y la idea de que verdadero parecido entre familiares no se mide por el aspecto físico.

Las ilustraciones de Cornejo son tiernas y sugestivas. Me gusta el detalle de la maceta antes de cada capítulo, cuya planta va creciendo mes a mes.   Y las estampas familiares siempre felices o –por lo menos, como en el capítulo del susto–profundamente expresivas.

Nueve meses, en fin,  es una historia dulce y preciosamente contada. Y, lejos de caer en la prescripción de los muchos textos que circulan en el mercado editorial sobre este tema (entiendo que debe ser tentador levantar el dedo y enseñarle al niño cómo debe afrontar los cambios venideros) Gattari se limita a explorar el interior del pequeño protagonista –lleno de incertidumbres, preocupaciones y miedos– para llegar a la conclusión de que no hay nada que hacer más que dejarse llevar. Después de todo, por eso dura tanto un embarazo: lo único que se precisa para ser un hermano mayor son nueve meses.

 

Para niños a partir de seis años, especialmente si están por convertirse en hermanos mayores.

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ileana
    Mar 03, 2013 @ 15:18:35

    Gattari se esta volviendo tan especial que con solo leer el primer párrafo que me llego por rss pensé – Esto parece de Florencia Gattari – .
    Obviamente que con semejante reseña y con lo que me han gustado los libros que leí de ella, este titulo se va derecho a la lista de libros por conseguir.
    Y coincido con vos.
    Bien por Florencia, la mujer y la escritora, que en este caso, por suerte, son la misma maravillosa persona.

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