¿Y vos cómo lo ves?

Título: Una tarde, tres historias. 

Autora: Florencia Gattari

Ilustradora: Virginia Piñón

Editorial: Sigmar

Una tarde, tres historias.

Este libro, que fue finalista del Premio Sigmar en 2011, apuesta todas las fichas a un elemento fundamental del universo discursivo: la focalización. La multiplicidad de narradores (tres, como indica el título) nos permite observar una misma situación desde ángulos distintos. La idea es genial y la prosa de Gattari –como siempre– ágil y divertida.

De los tres narradores, me gustó especialmente el primero. La voz de Ernesto es simpatiquísima. La observación detallada (que se corresponde muy bien con el perfil de un niño-científico) nos hace extrañar permanentemente sobre las cuestiones más triviales. Las teorías e hipótesis que el niño va elaborando, además de ser cómicas, son súper tiernas y es fácil encariñarse con el personaje. Tanto, que cuesta un poco sobrellevar el cambio de narrador.

Y no es que la voz de Camilo tenga alguna falla. Al contrario, es un niño dulce e imaginativo, con una sensibilidad especial que lo mantiene alerta frente a cualquier manifestación artística (nota que en esos cuadernos que saben leer los que tocan el piano hay “rulitos” de los que salen sonidos muy lindos; compara el arte abstracto con el dibujo que hacen las nubes en el cielo; inventa para sus amigos una historia no por engañarlos sino para hacerlos felices: bello Camilo que no miente, ¡ficcionaliza!). Me gusta de este personaje también su “déficit de atención” pues no es difícil darse cuenta de que su concentración está puesta no en la superficialidad de las cosas sino en algo más profundo (por eso, precisamente, es sensible y perceptivo); y en este pequeño guiño Gattari le tira de las orejas a una educación  que sigue apostando (¡a esta altura del partido!) por un único tipo de inteligencia válida para desenvolverse en el mundo.

Pero aun así, con todos estos atributos tan lindos, Camilo no resulta tan querible como Ernesto. Y creo que esto tiene que ver, precisamente, con la complejidad psicológica del personaje que hubiera necesitado –tal vez– más páginas para desplegar toda su riqueza.

La última narradora vuela menos alto que los otros dos. Si con Ernesto nos divertíamos, con Camilo empezamos a conmovernos; con Francisca simplemente pasamos un buen rato. Hay en su relato algunas claves para volver sobre los anteriores. Entendemos, por ejemplo, qué es lo que vio Camilo dentro de la cueva. Y un personaje que vimos medio de soslayo antes (Maxi) crece notablemente en este último tramo.

Eché de menos un cierre, por último, que terminara de unir las tres historias. Pero obviamente no era fundamental: una propuesta tan lúdica no tiene por qué ajustarse a las secuencias narrativas tradicionales.

Pienso que el libro va muy bien para mayores de 10 años.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: