Viaje iniciático

Título: Puras mentiras

Autora: Sol Silvestre

Ilustradora: Luciana Carossia

Editorial: Lúdico

No puedo reseñarme a mí misma. Por lo bueno y por lo malo. Si elogio lo que me gusta, no queda bien. Si pego en los puntos flacos, pego con todo: no tengo nada de diplomacia conmigo misma; puedo llegar a ser terriblemente cruel, lo que me llevaría a ser injusta con mucha gente. Porque un libro es el producto de un trabajo colectivo. Puras mentiras, más allá del texto, tiene una edición  lindísima: bello papel, buena calidad de impresión. Y un  trabajo impecable de Luciana.  Incluye ilustraciones que enamoran: como la de la abuela Ipi con sus alas de ángel cobijando a Kumiray. Es, además, un libro que viene a cumplir un sueño postergado. Nuestro primer proyecto juntas. En mi casa de soltera, todavía guardo una ilustración que Luciana hizo sobre un cuento mío cuando estábamos en el colegio secundario.  Recuerdo su modo de elogiarlo: “Me sorprendiste. Creí que escribías como Poldy Bird, que ibas a empalagarme”. Entonces no sabíamos, ni ella ni yo, que íbamos a dedicarnos a esto. Mucho menos que compartiríamos las ganas, la visión, los valores, los proyectos, las metas. Porque queremos cosas increíblemente parecidas. Las dos podemos morirnos de hambre antes de renunciar a nuestro sueño de hacer bien las cosas. De intentarlo al menos. Odiamos (y padecemos, a veces) a los mismos editores. Admiramos a los mismos maestros. Nos queremos. Nos respetamos. Nos complementamos. Y toda esa energía junta fue a parar al libro.

Puras mentiras fue  libro sin acomodos. Sin lobby. Sin amigos que nos presentaran. De eso sí me siento orgullosa. Porque soy consciente de que recién estoy empezando. No me llueven las propuestas de trabajo, pero tampoco claudico en intentarlo. Por tercera vez presenté un manuscrito en una editorial desconocida, sin “palanca” de ningún tipo.  La primera vez pudo ser suerte. La segunda, un obsequio de la vida. Esta tercera ya la siento como un mandato. Como si el destino me dijera: “¿No ves? ¡No es imposible! Siempre hay que volver  a intentarlo”.  Puras mentiras me recuerda eso más que ningún otro libro porque los dos cuentos que integran la antología fueron antes proyectos malogrados. Proyectos a los que había que darle otra vuelta de tuerca para hacerlos funcionar. Y  funcionaron.

La editorial me contestó casi inmediatamente (eso sí fue inédito): “Lo hacemos”. Mi primera sugerencia fue Luciana y, como ocurre cuando las cosas fluyen naturalmente (cuando las cosas tienen que ocurrir así) , las piezas encajaron en el rompecabezas sin necesidad de forzar nada. Sin tener que luchar. Ni cruzar los dedos. Todo se dio fácil, rápido y armoniosamente. Puras mentiras dejó de ser un texto y se volvió libro. Un bellísimo libro ilustrado. Dejó de ser mío y pasó a ser nuestro. NUESTRO. Y entonces se volvió más grande. Más especial y soñado.

Como no puedo hablar del contenido, les dejo aquí el inicio de uno de los cuentos. Y algunas de las hermosas ilustraciones de Luciana que dieron vida y fuerza a los personajes. Y el texto de contratapa:

“Algunos dirán que son habladurías o supersticiones, puras mentiras que cuenta la gente para pasar el rato. Para las protagonistas de estos cuentos, en cambio, los sucesos más increíbles solo son la excusa para sumergirse en un mundo desconocido, mágico y sorprendente. ¿Existen los fantasmas, las apariciones? ¿los hechizos, los encantamientos? En los dos cuentos de este libro se explora esa línea imaginaria que separa la realidad de la fantasía. Porque en ocasiones a la verdad le gusta disfrazarse de ficción para seducirnos: la literatura es parte de ese embrujo. “

Y la dedicatoria, porque habla mucho de mí. De aquel viaje “iniciático”:

“Tenés pasta de escritora. ¿Nunca pensaste en escribir en serio?”, lo anotaste al margen de la hoja número 3,  y con la misma birome me corregiste las faltas de ortografía.  Y es increíble porque yo, que lo olvido todo, recuerdo tu mirada entre cómplice y orgullosa al entregarme el trabajo; el vértigo que yo sentí frente a tu sentencia de Pitonisa y tu letra (sí, sí, podría reconocer tu letra entre millones) animándome a escribir (¡animándome a escribir!) mi destino. Por eso, aunque este gesto no alcance para agradecerte, este libro es para vos, Ana María Crespo de Mirmina, que allá por los 90 me diste el primer empujón hacia este mundo tan lleno de deliciosas mentiras. ¡Gracias, querida profe!.  

Increíblemente, ahora lo pienso, por la misma época que aquella entrañable profesora me hacía ser consciente de que esto era lo mío, Luciana había ilustrado aquel cuento de mi adolescencia, tambien en una hoja rayada N° 3. Como si en aquellos años 90, el destino hubiera querido empujarnos hacia este mundo, juntas.

Y la vida (¡por suerte!) insistió: porque al terminar el secundario dejamos de vernos. Nos casamos, tuvimos hijos, nos mudamos. Dejamos de soñar. Y un buen día, como si hubiéramos despertado de un letargo, yo me dije: “¡pero quiero escribir!” y ella se dijo: “¡pero quiero ilustrar!” Y ya no sé ni cómo volvimos a cruzarnos. A tiempo para zarpar. Juntas. Puras mentiras es la expresión de ese viaje. Por eso es tan especial.

Para niños mayores de 10 años, que disfruten mentir de vez en cuando.

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