Qué exageración

Título: Salvar el universo (y otros asuntos de chicos)

Autora: Florencia Gattari

Ilustradora: Viviana Bilotti

Editorial: Cántaro

Colección: “Hora de lectura”

Empecé a escribir esta reseña hace dos sábados. En general me gusta escribirlas de un tirón, porque después es difícil retomar el hilo; pero yo estaba especialmente cansada y pensé que después de todo no era tan grave terminarla a la mañana siguiente. No puedo decir que presintiera algo, no me imaginaba en absoluto lo que iba a ocurrir, pero ahora me doy cuenta de que mi cuerpo sospechaba: me pedía a gritos irme a la cama, como si supiera que por muchos días no podría volver a dormir. Si alguien me hubiera dicho aquella noche que en cuestión de horas mi vida cambiaría para siempre, sin duda habría retrucado: “vamos, qué exageración”.

Lo cuento porque en aquella versión de esta reseña comenzaba hablando de una expresión de mi entonces editora de Puerto de Palos que, por exagerada, me hizo sonreír:  “Tengo unos cuentos pefectísimos de F.Gattari”. Cualquiera sabe que el adjetivo “perfecto” se refiere a aquello que tiene el mayor grado de excelencia en su línea. Es un superlativo en sí mismo, por lo que añadirle un sufijo como “ísimo” derivaría en una redundancia. Pero, claro, este “error adrede” es la diferencia entre una expresión cualquiera y otra adorable.

Fue un buen anzuelo el de Ana Lucía. Yo ni conocía a F. Gattari (después, cuando la googleé me enteré de que la F era por Florencia, de que era jovencísima –¡si nació el mismo año que yo, jeje!– y de que –¡Guau y réquete Guau!– había ganado el “Premio Barco de Vapor” en el 2007 por su novela Posición adelantada). Estaba, como me suele pasar, entre miles de cosas. La fecha de entrega era para ayer (o algo parecido a eso) y apenas si había podido reponerme del último desvelo laboral. Pero Ana Lucía había dicho “perfectísimos”, y yo me lancé a la aventura de preparar el paratexto del libro.

La propuesta de Gattari me resultó atractiva desde el vamos. Y hablo de la propuesta (ya me meteré en los cuentos, en un ratito). Si hay algo que valoro en una antología de cuentos  es que exista una trama. Que no se trate de una recopilación caótica de relatos, absolutamente independientes unos de otros, sino que exista una lógica para que estén todos allí, juntitos, en un mismo libro.

“Salvar el universo” no es solamente el título de un cuento de esta antología sino también el tema que tocan los seis relatos del libro. Algunos hablan de (¿verdaderos?) superhéroes; de esos personajes con poderes sobrenaturales que nacieron en los comics allá por los años 30 y que siguen encantándonos desde el cine y la televisión. El primer cuento, de hecho, es un monólogo de un niño que ha decidido convertirse en uno de estos increíbles personajes. En este se trabaja con todos los estereotipos del género en una versión ultramoderna: cables USB, pantallas digitales, nominaciones como Plus mega Ultra 9.0.  No falta el humor: genial eso del 0-800 ayuda y el comentario de que mamá tendrá que conocer la nueva identidad “porque alguien tendrá que lavarme el traje”. Ni la ternura: “Leticia se merece tener un novio que pueda estar con ella todos los recreos y todos los aniversarios”.

La historia del segundo cuento transcurre en una región lejanísima, cerca de las cristalinas aguas del lago de Nigovia. A diferencia del primer relato, Gattari no construye el personaje a imagen y semejanza de los comics. De hecho, Niña N no tiene ningún súper poder. Es, eso sí, una excelente mediadora y con eso le alcanza para salvar el mundo. Por ella, todos hacen las paces. En este sentido, la niña se configura como un modelo posible, con el que grandes y chicos podríamos identificarnos. Como cualquier ser humano tiene sus defectos (le va horrible en el colegio y es mandona) pero sabe muy bien qué se necesita para cambiar el mundo: respeto, tolerancia y amor hacia el otro. Lo más lindo del cuento es la invitación al lector, porque está claro que Niña N no puede sola: “si alguno quiere postularse, sepan que el gobernador está haciendo entrevistas”.

El tercer cuento, “Parientes”, fue uno de mis preferidos. Se trata de una familia con talentos especiales; algunos son tan “útiles” como divertidos ( ya quisiera yo poder lavar la lechuga con un chasquido) y otros directamente asombrosos (como el del abuelo que habla poco porque todo lo que dice se materializa). Lo mejor del cuento es la voz narrativa: Anita Luz Berenice Peirano Giménez es adorable; el lector acompaña su desazón por no saber todavía cuál es su don y el fastidio que le genera la familia preguntando todo el tiempo lo mismo. La hipótesis que cierra el relato es ocurrente y divertida, lo que va muy bien con el tono de todo el cuento.

En “rescate en el Tíbet” los protagonistas van a salvar el universo, literalmente. Gattari se basa en un hecho real, indiscutiblemente catastrófico para nuestro planeta: la tala de árboles indiscriminada que amenaza la supervivencia de los osos panda. Por supuesto que el tema se resuelve a través del absurdo y el humor; y como siempre este recurso vale para reflexionar sobre el tema y tomar consciencia, que es el primer paso antes de cualquier revolución.

También adoré  “Inesita”: otra vez el humor y la voz infantil que –dulce sin ser empalagosa– nos transporta precisamente allí, al mundo posible de una nena como cualquier otra que está por tener un hermanito y no sabe qué hacer con todo ese miedo, toda esa bronca que la inunda de pronto.

Por último, “Barrios y barrios” explora conceptos trascendentales: la diferencia social, la solidaridad, la amistad. Es un relato lindísimo, que se construye como un puzzle y nos invita, otra vez, a actuar. Es el cierre perfecto para el libro, porque este cuento nos recuerda que en los pequeños actos está el cambio. Y más: que hay que escuchar a los chicos.

En consonancia con todo esto está el subtítulo, que desde el principio me resultó sublime. Porque salvar el universo podría parecer en primera instancia una misión imposible; y más para los chicos. Una exageración como aquella que me regaló Ana Lucía cuando me propuso elaborar el paratexto del libro. Pero la verdad es que no. Que al universo podemos salvarlo cada día. Y para hacerlo necesitamos de la inocencia, la temeridad, la sabiduría de los más chicos.

El libro de Gattari nos dice esto, y también la vida. Aquel domingo, se me borraron de un plumazo todas las rutinas, todos los proyectos, todas las ganas. El mundo se me vino a pique, y Julián y sus siete años me rescataron ayer. Mirándome a los ojos, como si charláramos de un día de escuela. Y no es una exageración: a veces necesitamos de la simplicidad de los chicos para entender y aceptar (y cambiar y salvar) este mundo complicado.

En la contratapa el libro se recomienda para mayores de 9, pero yo no dejaría afuera a los de 8.  Ni a los grandes que disfrutan de la buena literatura infantil, porque los cuentos de Gattari no son solamente lindos. Son perfectísimos.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Florencia
    Feb 21, 2012 @ 16:47:22

    Gracias, Sol, por tus palabras elogiadoras. ¡Y por tus paratextos! La verdad es que este libro fue hecho por una combinación feliz de gente súper.
    Y fue una hermosa sorpresa abrir mi correo y encontrar este post 🙂

    Lo que sea que haya pasado, espero que te encuentre mejor ahora. ¡Un gran abrazo!

    Responder

  2. Ana Lucía Salgado
    Mar 05, 2012 @ 00:34:56

    ¡Perfectísima reseña, querida! 😉

    Responder

  3. Karina
    Mar 05, 2012 @ 00:41:57

    Una recomendación también perfectísima!!! Buenísimo, Sol.

    Responder

  4. solsilvestre
    Mar 05, 2012 @ 10:58:18

    ¡Gracias a todas por los comentarios! Me hacen empezar con toda la energía en este madrugón de lunes.

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  5. María José
    Nov 28, 2012 @ 01:00:45

    Realmente me encantan tu blog, tengo una hija del corazón de 9 años y quiero que descubra en la lectura eso tan lindo que puede brindarnos, gracias por tus reseñas, ya anote varios libros!

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    • solsilvestre
      Nov 28, 2012 @ 01:29:15

      ¡Gracias, María José! Comentarios como el tuyo son el combustible que me sostiene cuando me falta el tiempo y sobran las obligaciones. Entonces es cuando me pregunto para qué seguir con esto, si no tengo ninguna razón. Tus palabras, hoy, me muestran qué sí hay una razón después de todo. Gracias. De corazón.

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