Para enamoradas y enamoradizas

Título: Te espero en la plaza

Autora: Norma Huidobro

Ilusttradora: Clau Degliuomini

Editorial: del Naranjo

Colección: “La puerta blanca”

Te espero en la plaza es una recopilación de tres cuentos estrictamente para niñas. Para enamoradas o, mejor, para aquellas que tengan ganas de enamorarse. Del primer relato, que le da título a la obra, me gusta que se rescate el valor de la amistad por encima de la historia amorosa. Laureano hace una jugada que para el lector es evidente desde el principio y cuando logra su cometido (¡Flor le da bolilla!) se siente afortunado por tenerla de amiga. De mejor amiga, de única amiga. ” Sus amigos varones eran otra cosa. Los había tenido siempre y los iba a seguir teniendo. Pero una amiga era diferente. No es que fuera mejor, era diferente, nada más.” Tal vez resulte hiperbólico el romance entre Pancho y Lulú que, en definitiva, sirve para juntar los destinos de Flor y Laureano, pero tampoco es cuestión de andar midiendo cuán posible es esto o aquello en un texto literario. Ahí justamente reside la magia: en poder volar y sobrepasar los límites del “mundo real”; en aceptar por una ratito esa otra lógica más libre y más utópica. Tan necesaria.

El segundo cuento, La más linda, es un canto a la diverdidad. A entender que no hay una mirada –no debe haber una mirada– que prevalezca sobre el resto de las miradas posibles en el mundo. ¿Quién es la más linda? Por suerte, eso depende de quién mire. Lo que despierta incomodidad, tal vez y solo tal vez, es el mundo interno de Nicolás. Resulta difícil imaginar un chico que a los once años pueda comparar las risas con rulos y campanas. No parece un chico. Pero nuestro mundo está lleno de chicos que no parecen chicos, y no está mal que de vez en cuando aparezca un “exponente” de estos caasos excepcionales en el mundo literario.

El último cuento, Román y Juliana, me encantó. Las familias enemistadas. La empanada gallega contra la pizza. Las miradas a través del vidrio y los pasos empecinados por encontrarse. Los equívocos. El chat. La reconciliación (¿o acaso solo el descubrimiento?). La constatación de que nadie entiende a los adultos. Y mejor: ¿a quién le importa entenderlos?

Para niñas mayores de 10, y repito: enamoradas o enamoradizas.

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