Siempre habrá un tigre

Título: Para encontrar un tigre (la aventura de leer)

Autor: Gustavo Roldán

Ilustradora: Pilar Ortega

Editorial: Comunicarte

Colección: “Educación popular”

Muchas veces (entre amigos, conocidos o colegas) manifesté mi enorme satisfacción por cómo ha ido creciendo este blog, que en sus inicios estaba destinado únicamente a los padres de mis alumnos del Taller Literario Infantil que doy en casa.  Cuando ellos me preguntaban qué libros podían comprar no solo para sus hijos sino también para sobrinos, amigos, conocidos de distintas edades, yo les prometía enviar un mail más tarde con alguna sugerencia. Y entonces se me ocurrió que esas sugerencias podían colgarse en internet, para estar disponibles todo el tiempo y ofrecer no una o dos variantes sino muchas, cada vez muchas más.

A los pocos meses, comencé a recibir notificaciones de que varios desconocidos se habían suscripto al blog y WordPress me envió un mail felicitándome por alcanzar las 300 visitas diarias. Se me sugería, incluso, aprovechar el tráfico que estaba teniendo el blog para incluir publicidades. Pero me molestan esos sites en los que a cada rato se te cruza un banner y te interrumpe una buena lectura, así que aquel mensaje solo me alimentó el ego y las ganas de dedicarle más y más tiempo al blog. Pronto empezaron a llegar envíos de distintas editoriales y entonces esto se convirtió en un trabajo. Intento, sin embargo, tomármelo con calma: reseñar lo que me gusta, en los tiempos libres que me va dejando mi “trabajo de verdad” (ese que me permite pagar las cuentas en casa).

Por todo esto, al principio, pensé que en Quijotes y Quijotinas no habría lugar para textos pedagógicos o de especialidad. Sin embargo, si lo pienso un poco, el blog no está destinado al público infantil. Sí habla acerca de los libros escritos para niños pero no les hablo a los niños. No: aquí les hablo a sus padres, a sus maestros, a mis pares, a todos aquellos que adoran –como yo– el mundo LIJ y que simplemente desean informarse acerca de las novedades y nuevas propuestas que van apareciendo. Y no está mal que algunas de esas novedades sean más bien para nosotros, para ayudarnos a generar herramientas que nos permitan guiarlos mejor y con éxito hacia el camino de la lectura.

Hacia eso apunta, precisamente, este precioso ensayo de Gustavo Roldán. Para encontrar un tigre se construye como un conjunto de apuntes, cuidadosamente tomados, por un escritor y lector experto. Gustavo Roldán, a través de estos apartados breves, muy reflexivos, dinámicos y bellamente escritos, conversa con nosotros acerca de los niños y la lectura. Y creo que es doblemente genial para alguien como yo, que no solo leo sino también escribo literatura para niños, tener esta conversación con el autor. Porque es un oficio difícil este que nos tocó en suerte (o no nos tocó sino que buscamos desesperadamente); un oficio “que está en el orden de lo marginal y se le da permiso para existir porque, bueno, también conviene  que los chicos lean”. Y hablo de conversación con Roldán porque sus palabras me dejan pensando, me hacen hablar conmigo misma y rumiar por lo bajo. Para encontrar un tigre necesita un lector activo como yo, que se sienta reconfortado al saber que no está solo; que no es un extraterrestre por pensar que la literatura infantil es un asunto serio, por creer en “la inteligencia, en la sensibilidad, en la capacidad de comprensión de los chicos”.

Más allá de las gratificaciones/coincidencias/identificaciones que puedan sentir los escritores LIJ con este libro, en Para encontrar un tigre hallamos la historia de una lectura. Una lectura que formó al escritor que es Roldán. Nos metemos en su intimidad para buscar, en espejo, nuestra propia historia como lectores. Para entender de qué manera se arraigan esos primeros intentos y por qué es tan importante estar cerca de nuestros niños no marcándoles el camino (que ese lo hallarán solos) sino ofreciéndoles una visión panorámica de la cuestión, asegurándonos de que serán conscientes de las pluralidades, las censuras, los puntos de vista diferentes. Asegurándonos, sobre todo, de que si por casualidad se topan con una lectura que no les genere nada (porque es algo que puede pasar) no se den por vencidos.  Parafraseando a Roldan diría: no es que no les guste leer, es que se equivocaron de libro. O de momento. Y pienso en un ejemplo claro que tengo en casa: a Lucas, con apenas 10, le pidieron en la escuela este año el Martín Fierro. No una versión adaptada ni nada de eso, el mismísimo Martín Fierro de Hernández. Por todo lo demás, me encanta su maestra: tiene el espíritu, las ganas, la vocación de enseñar pero, me parece, se equivocó fiero en esto. Mis hijos leen mucho y todo el tiempo, no me preocupa por Lucas la desafortunada elección de su bien intencionada maestra; me preocupa por todos esos otros chicos que pensarán “¿esto es la literatura?”. Para los padres de esos chicos, para sus educadores y docentes, está este libro: para acompañarlos en la búsqueda, ayudarlos a encontrar las huellas del tigre en la lectura. En esta o en aquella lectura. Porque por suerte, nos diría Roldán, siempre habrá una lectura que funcione.

Para escritores, educadores, padres y adultos amantes de la lectura y el mundo LIJ.

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