El verdadero premio

Título: Viento Sur

Autores: varios (premiados en el concurso Los niños del Mercosur)

Ilustraciones: Mónica Weiss

Editorial: Comunicarte

Cuando uno participa de un concurso literario no se hace ilusiones con el premio en metálico, no espera el reconocimiento de la elite intelectual, ni piensa en ser famoso: lo importante es que te publiquen. Es, por lo menos, lo que me pasa a mí y supongo que a todos esos otros que viven escribiendo y escribiendo y escribiendo, porque no hay nada en el mundo que sepan hacer mejor ni nada que les resulte más placentero.

Ver, entonces, tu nombre dentro de esos objetos que tanto amás –si te gusta escribir es porque, primero, te gusta leer; con eso no hay vuelta de hoja– es con lo que fantaseaste el día que despachaste el manuscrito en el correo o te acercaste hasta el mismísimo lugar de recepción solo por temor a que el envío se perdiera en el camino y te arrebatara el sueño sin siquiera dejártelo intentar.

Sí, hablo por experiencia propia. Y por experiencia propia me imagino lo que será para estos nueve autores este librito negro con su enigmática portada llena de escaleras magistralmente trazadas por Mónica Weiss.  Este librito negro es  la materialización de un sueño. Un sueño soñado por nueve personas que habitan lugares diferentes de América. Un sueño que algunos, probablemente, vieron concretado por primera vez y otros (pienso en Florencia Gattari y Valeria Dávila, por ejemplo) tuvieron la suerte de vivir de nuevo.

Los cuentos que integran esta antología obtuvieron en alguna de las ediciones del Concurso internacional de cuento infantil y juvenil “Los niños del mercosur”, menciones honoríficas del jurado. Son cuentos que “casi” ganaron. Cuentos que, por lo mismo, prometen mucho.

Viento Sur nos ofrece un lindo panorama de cuáles son las estrategias que funcionan y van bien con los chicos.  La famosa historia 2 cifrada en la historia 1 que tan bien nos explicó Piglia en su Tesis sobre el cuento está presente en tres de los nueve relatos: Peligroso (Olga Marina Cortez Barbera), Una historia real (Claudia Carolina Czerlowski) y Una noche en Marfeclei (Marcelo R. L. Oliveira). Y no es poca cosa lograrlo para los chicos, porque en un trabajo de cifrado uno tiene que encriptar la información y hay que hacerlo confiando en que el lector nos dará una mano; es decir, sin subestimar a los chicos.   

El punto de vista infantil, muy bien logrado, lo encontramos en La sombra (Ricardo Chavez Castañeda) , Los mocosos del pasaje (María Julia Bustos) y Antonia (Valeria Dávila). En el primero, destaca además el humor (“Intenté borrar la sombra con goma, jabón, ácido…”) y las metáforas más profundas que decorativas (“cuando mi mamá me dice que mi papá volverá, es como si ella intentara meter una luz  bajo mis pies”). En el relato de Bustos, aun sin un desenlace súper original, me gusta la imagen de la familia que apoya a costa de cualquier esfuerzo la pasión de un hijo. El de Valeria, por último, tiene su marca personal: entre el absurdo y el ridículo, siempre contra todos los prejuicios y sobresaliendo por lograr una vuelta de tuerca diferente, novedosa y a la vez tan cercana y familiar para los chicos.

 Por otra parte, el relato de Rosana Peirone (Una mosca me cambió la vida) me resultó ocurente y divertido. Saturnino es un niño inteligente y curioso, como los que me gustan a mí. El final es genial, algo así como “las cosas pueden no salir como querés, pero siempre resultan provechosas”. Aplaudo eso.  Y de Pelos y señales  (Laura Castellano) me quedo con los juegos del lenguaje, la literalización de las muchas metáforas que usamos diariamente con los pelos: por un pelo, tirada de los pelos, a contrapelo,etc.  

Dejo para el final (qué paradoja) Leonela, al principio (Florencia Gattari) . Y confieso: fue el que más me gustó. Por un montón de razones, supongo. Está maravillosamente escrito: las pausas, las repeticiones, el ritmo, la temática. Se nota la destreza de Florencia para acercarse sin vueltas y de frente a los chicos. Es una narración que avanza en cámara lenta, que se centra en el aquí y ahora pero que apunta hacia el porvenir. Porque no importa quién fue Leonela al principio sino lo que será, esa niña alegre que ahora conoce las palabras importantes y puede bajar las escaleras y decir: “¡Maaaá! Me voy a jugar al lado!” 

 Viento Sur es, en suma, una linda antología. Y sus autores, ningún “casi”: se ganaron un buen premio con esta publicación. 

Se recomienda en la contratapa para niños mayores de 12. Yo les pongo un voto a los que tienen 10, también.

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