Los fantasmas no asustan

Título: Parecido a mí

Autor: Luciano Saracino

Ilustrador: Cristian Bernardini

Editorial: Pequeña Aldea

Lo conocí de nombre mucho antes. Recuerdo puntualmente una entrevista en la que él contaba sus inicios. Me sorprendió ver el nombre de Maite Alvarado allí. Había entrado a su cátedra como Ayudante de Primera poco tiempo antes de que se enfermara y, por supuesto, entre el material que recibí estaba también Vidas posibles, aquella antología que Luciano mencionaba como el punto del ovillo, el mismísimo lugar donde todo empezó. Leí aquel cuento/biografía, claro, y me pareció hermoso.  El hallazgo me dejó presuponer varias cosas: que era un chico joven (la antología se había publicado en el 2000 y sus autores eran  estudiantes de Comunicación en la UBA) que escribía muy bien y que tenía además una imaginación prodigiosa. Charlando con algunos compañeros de cátedra, más tarde, pude agregar alguna seña más a su perfil: era  inteligente y talentoso, además. 

Cuando empecé a involucrarme en la literatura infantil (primero como lectora)  me crucé con su nombre varias veces. Entonces conocí su faceta de guionista y sumé un nuevo calificativo a su perfil: dúctil. Cuando descubrí su blog y empecé a seguir sus post y a leer los comentarios de sus afectos, me enteré de que era un tipo muy querido. Y uno no es querido (por sus amigos, pero también por sus colegas, por los ilustradores, por los alumnos)  porque sí. Nunca. Si lográs que te quieran así, no hay otra: tenés que ser un buen tipo.

Con todo esto quiero decir que Luciano Saracino ya me caía bien antes de conocerlo. En serio. Cuando lo vi parado frente a la puerta de la calle Jujuy, minutos antes de la sesión fotográfica que compartiríamos también con Perica y Cristian Bernardini, sentí una especie de vértigo. Supongo que así se sentirán los fans que se encuentran por primera vez con un ídolo musical, o los profesionales que un buen día conocen a su mentor, aquel que habrán leído en un apunte universitario; o  un chico en su primer día de clases, frente a esa maestra de la que tanto le hablaron. No sé, en realidad no sé muy bien, por dónde vino el vértigo. Pero vino. Y el hielo lo cortó él. No tengo ni idea qué me dijo pero me habló.  Y entonces yo le largué todo: que trabajaba en la cátedra de Alvarado (bueno, en una parte de ella, porque después de su muerte se desdobló), que me habían hablado de él; que Parecido a mí me había encantado; que yo había hecho las actividades para el docente y que fue un gusto. Me contó algunas cosas, como su odisea por Europa y el llamado de Adela Basch. Hablamos también de la Academia (yo sangraba un poco por la herida, cansada de que me ningunearan por esto de dedicarme a la literatura infantil) y él me ayudó a sentirme más grande con una hermosa analogía: si al arquitecto lo valoran como tal y no le piden ser ingeniero ¿por qué al autor de obras infantiles están todo el tiempo exigiéndole que escriba para adultos?     

La sesión fue divertida y el clima muy amigable. Luciano me trató como una igual (aunque no lo era; aunque no lo soy) y eso me habló también de su generosidad para con los que recién empiezan. De su sencillez y de su humildad. De su respeto por los otros y su buena onda. Y todo esto podrá parecer una disgresión, una enorme disgresión, pero no lo es. O por lo menos, no lo es del todo. Porque para escribir una novela como Parecido a mí se necesita talento. Inteligencia. Una prodigiosa imaginación. Y más: hay que ser dúctil, porque en medio de la narración hay un instructivo maravilloso: ¿cómo se juega a La Cadena? (La anécdota personal, que va más allá de mi mirada de “experta”, es que mis hijos comenzaron a jugarlo con mis sobrinas: ¿no es genial que un libro los motive así?). Otro detalle que me encantó fue la integración  entre texto e imagen de la página 8:    ¡Ay! Tocado, averiado y hundido. Piedra libre para mí. Quemado. Mancha. Gol en contra.Prenda. Huevo podrido ¡Todo junto! y la  expresión en el rostro tan bien lograda por Bernardini, casi lo vemos al pobre Luis transpirar frente a esa pregunta tan incómoda de su maestra.  

Los múltiples mensajes que deja el libro (no a los prejuicios, a la discriminación y a los miedos; sí a la solidaridad, la amistad, el respeto a los otros) dejan entrever esa otra parte del perfil de Saracino: no hay ninguna duda, es buen tipo. Y pienso en las palabras de Unamuno:  “El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. Y hasta qué punto Parecido a mí se interesa por la humanidad: para salvar al pequeño fantasma, los protagonistas se ven obligados a repasar los Derechos Universales del Niño.

Parecido a mí es una novela profunda, dulce y entretenida. Bellamente ilustrada. Una historia de fantasmas que no asusta y, al contrario, logra exorcisar los miedos. Una historia que nos hará reír (es genial la conversación sobre los monstruos, en especial la reflexión sobre los hombres polilla) y nos hará pensar (“Y eso que esta fue, de alguna manera, una historia de fantasmas. ¿O fue acaso la historia de un niño parecido a mí que necesitaba que alguien lo aceptara?”, pág.78).  Con algunas imágenes preciosas: “Afuera, la tarde se iba haciendo cada vez más naranja (o mandarina, no sé)” y otras tan sencillas como contundentes: “Mi abuelo me miró con una mirada que había visto muchas pero muchas cosas en su vida”. Una novela, en fin,  que no subestima a los niños. Como las que me gustan a mí. Como las que qusiera poder escribir algún día.

Para niños mayores de 8 años.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Cacho
    Jul 15, 2011 @ 15:16:27

    Luciano es un sol y la reseña de Soledad Silvestre un canto a la vida.

    Responder

  2. Cacho Matzkin
    Jul 15, 2011 @ 15:21:20

    Luciano es un sol y la reseña de Soledad un tributo a la vida un honor para sus amigos y de su familia.

    Responder

  3. solsilvestre
    Jul 15, 2011 @ 16:31:57

    Gracias, Cacho, por tus palabras y dejar también tu huella por este blog.

    Responder

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