Todo vuelve como la marea…

Título: El fantasma del aljibe

Autora: Laura Ávila

Ilustradora: Luciana Carossia

Editorial: Edelvives

Colección: “Ala delta”

Tengo muchas razones para recomendar este libro. Muchas. En primer lugar, la historia es preciosa. Y tiene de todo: intriga, aventura, romance y drama. Decía Lovecraft que la atmósfera –y no la acción– es el gran desiderátum de la literatura fantástica. Y yo creo que esto también se aplica a la novela histórica, a ese relato inscripto en una época lejana pero precisa, con personajes reales e imaginados que se mueven en un ambiente construido con rigor histórico y absoluta verosimilitud.   

Y El fantasma del aljibe es una novela histórica. Una hermosa, dinámica y atrapante novela histórica para niños. Con una atmósfera tan bien construida, además, que casi resulta redundante que el narrador nos cuente, ya entrada la página 18,  que  todo trasncurre “en ese otoño de 1810”. La escuelita de las catalinas, la monjita tornera, el aljibe, la letrina, la bacina, la payana, las clases de bordado, el banco de los esclavos, el agua de panal, las reuniones secretas, los patricios, los camiluchos, los bozalones, los chisperos, los nombres propios esfumados en personajes secundarios –casi fantasmagóricos–: Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan de Dios Rivera, Mariano Moreno y otros que se me habrán escapado.  Y lo más contundente: esos túneles subterráneos que todavía en nuestros días tenemos la dicha de seguir viendo en la Manzana de las Luces, construidos a seis metros de profundidad en la tosca, a pico y pala, para conectar puntos estratégicos de la ciudad. La historia de El fantasma del aljibe allí se gesta, igual que la gran Revolución.

Ávila tiene especial cuidado, además, al elegir los nombres. De personajes y de objetos. De  sucesos y cosmovisiones. El mundo de los esclavos sostenido en la historia de la Ezequiela y su hijo Calixto, ese hermano en Oxalá de Inés; la Mamá Kalunga , la tierra de Nguengé. África como una amalgama más de este crisol de razas que nos define como argentinos.  Y el imperio incaico en el recuerdo del joven y heroico Miguel, con sus huamlas y anchus. Todo ese repertorio lingüístico y cultural está en la novela latente, vivo, puesto con cuidado para no asustar a los pequeños lectores. En su justa medida, y cuando el contexto no permite inferir el alcance de tanta palabra nueva, biensonante y atractiva, la salvadora nota al pie nos orienta y ubica. Pero sin abusar: solo contamos tres a lo largo del relato.

Los personajes también son muy ricos: escapan del esterotipo y, en cambio, se muestran tremendamente humanos. Buen ejemplo de ello es Don Ramiro, tan terco, tan autoritario al principio: “Estás viva, estás viva” le dirá desesperado a Inés, arrodillado frente a ella, y después la llevará suspirando a la escuela de las Catalinas. A esa niña valiente, orgullosa y leal. La heroína. La que enfrenta a su padre y –lo que es todavía más homérico– al sistema ,absolutamente convencida de que no hay otro camino posible. Necesitará a Eduardo y a Miguel. A la Ezequiela. A Antonia Jonte. Como los padres de la Independencia necesitaron esa voces anónimas y leales que hicieron posible la revolución. Como los héroes griegos necesitaron a los dioses para cumplir su destino.

Y en medio de tanto realismo, no falta la magia. Que llegará con la ensoñación y el agotamiento, para que los menos creyentes encuentren una explicación racional que los contente. Yo, en cambio, prefiero creer en mamá Kalunga velando por los indefensos, quitándose de encima el manto tenebroso y oscuro  que la cultura cristiana le obligó a vestir.

Una trama sin fisuras (solo me extraña el diálogo tardío entre Antonia y Eduardo, cuando descubren que los niños anduvieron por el jardín, pero también es cierto que los enamorados tienen mucho en común con los distraídos, así que no podemos culparlos del todo). Un ambiente bien logrado. Personajes ricos y consistentes. Una acción que nos mantiene en vilo y espectantes. Historia. Magia.

Y el moño final (o inicial, según se mire)  puesto en el paratexto. El título explícito y sugerente. Los catorce subtítulos que por sí solos funcionan como columna vertebral del relato, marcando los “topos” esenciales (donde…donde…donde) que irán apareciendo en 140 páginas bien contadas, llenas de imágenes preciosas que completan la historia. Si uno mira con detenimiento las ilustraciones, verá un sinfín de detalles deliciosos: la luz del aljibe mucho más bella que tétrica en el primer dibujo. Los detalles en los vestidos de Inés, las botitas acordonadas, las zapatillas como de baile, las sombras luminosas, los mozaicos del patio, la vajilla española,  las pérgolas, las arcadas. Luciana Carossia nos “pinta” a la perfección ese otoño de 1810 y añade, además, su subjetividad a los personajes. Podemos sentir sus emociones: las miradas entablando los diálogos que las voces no se animan a empezar: Ramiro- Eduardo, Inés- Miguel, Calixto- Inés, Eduardo- Antonia. Me encanta, especialmente, la imagen de la página 51: La Ezequiela en toda su grandeza, blanca, inmaculada, gigantesca para esas almas hermanas que son Inés y Calixto, queriéndose en las sombras.     

 El libro se recomienda para niños mayores de 10 años. Querría que además lo leyeran todas las maestras de 5to. grado para arriba, a ver si de una vez por todas logran abordar las efemérides con más éxito, no como fechas aisladas que responden a un suceso específico si no en toda su complejidad: la revolución también es la historia de Inés y Calixto. La historia de Antonia Jonte y Eduardo. La historia de Juan Dios Rivera y Miguel. La historia de Don Ramiro y de la Ezequiela. La historia que seguimos construyendo después de doscientos años, porque como reza el último subtítulo “todo vuelve como la marea”.

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7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Magdalena
    Jul 05, 2011 @ 12:33:31

    Concuerdo con todo lo que decís en tu hermosa reseña.
    ¡El libro está buenísimo y es muy sorprendente!
    La verdad es que Laura Ávila escribe muy bien.
    besos

    Responder

  2. solsilvestre
    Jul 05, 2011 @ 16:26:13

    Muchas gracias por tu comentario, Magdalena: le pone gasolina a mis ganas de seguir reseñando:-)

    Responder

  3. Laura
    Abr 19, 2012 @ 14:20:24

    Hola, SolSilvestre, soy Laura, la autora del libro. Quería agradecerte por tus palabras y avisarte que voy a estar en el stand de Edelvives el sábado 21 a las 16 firmándolo.
    Me gustó tanto esta reseña que hiciste, que la subí a mi facebook.
    Beso!
    Laura

    Responder

    • solsilvestre
      Abr 19, 2012 @ 15:34:08

      ¡Qué bueno, Laura! El 21 a la misma hora también estaré firmando (en otra editorial) porque también escribo. Trataré de pasar aunque sea 2 minutos, así nos conocemos en persona. Te agradezco enormemente el comentario, y me pone muy feliz que te haya gustado la reseña.

      Responder

  4. Laura
    Abr 23, 2012 @ 14:34:55

    Te perdí por unos minutos. Fu re loco, porque la encontré a Patricia Suárez y me dijo que había charlado con vos hacía un ratito… Misterios de la vida…

    Responder

    • solsilvestre
      Abr 23, 2012 @ 14:50:08

      ¡Ay, Laura, no me digas esto! ¡Me habría encantado conocerte! Gracias TOTALES por tus palabras, ojalá que no perdamos la oportunidad de charlar un ratito algún día, en esta o en otra feria. Un beso enorme,

      Responder

  5. jimesae
    Sep 20, 2012 @ 00:33:37

    hola

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