¡Soy la Pavarooootii!

Título: Mi hermana es un poco bruja

Autor: Carlos Puerto

Ilustradora: Claudia Ranucci

Editorial: Edelvives

Aunque todavía nos sigue costando hablar de ciertas cosas, es grato ver que desde distintas editoriales aparecen propuestas para desmitificar tabúes muy arraigados. Hace unos meses comenté un cuento de María Lavanda que me emocionó; y este de Puerto va en el mismo sentido.  Mi hermana es un poco bruja es la historia de una niña diferente. Su hermana, Luisa, a veces la adora y a veces se cansa de ella. Porque Julia es capaz de los actos más sublimes (como salvar una gaviota empetrolada) pero también es experta en arruinarlo todo: su madre restarura libros y ella  destruye uno especialmente valioso en un intento de convertir a su gaviota en paloma mensajera. Lo que me maravilla del libro es la franqueza con que Puerto logra meternos en su mundo: la madre de Julia y Luisa es genial. Adora a su hija diferente y la contiene y la trata con paciencia y buen humor pero en ocasiones también pierde los estribos, se exaspera, se angustia, llega al borde de la tolerancia. Y se quiebra. Es entonces cuando habla con Luisa y en el diálogo con su hija mayor puede por un lado serenarse y por el otro encontrar el apoyo que su ex- marido no le da: “una vez incluso (mi papá) la llamó melón con ojos y me cayó tan mal que durante una hora por lo menos ni siquiera le hablé”. (pág. 22) . Durante esas charlas entre madre e hija, Julia es comparada con una  procesionaria; una oruga que necesita de los demás para no perder el camino y que un buen día, ya como mariposa, podrá volar sola. Seguramente, pensará el lector, su destino está en el arte: Julia es ¡la Pavarooootii! en la ducha, ama incondicionalmente a Vivaldi y pinta como un adulto; pero esto es algo que quedará en el plano de lo hipotético pues Julia todavía no puede (aunque podrá algún día) volar. Mientras tanto, su mamá y su hermana y su abuela y su tío bombero, la acompañan en la espera con bastante alegría y de buen grado.  Porque Julia es diferente para bien y para mal: sabe  disfrutar de las pequeñas cosas, preocuparse solo por lo importante y actuar sin pensar en las consecuencias.  Julia también tiene cosas para enseñar, y sus seres queridos lo saben. Cuando dice su frase mágica “abracadabra-pata-de-cabra”, además,  ¡algo, segurísimo, sucede!

Las imágenes de Ranucci, por último, acompañan el texto muy bien. Son deliciosas sobre todo las que están construidas con la técnica de collage: el barco que acaba de explotar en una humareda de pétroleo y palabras que se leen a medias y de revés, es genial. La imagen que cierra el texto, con las letras del abracadabra recortadas del periódico sólo nos enoja en algo: ¡qué bellísimo sería poder verla en colores! 

Para niños mayores de 8 y adultos que tengan ganas de sacudirse los prejuicios.

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