Harry Potter y la piedra filosofal

Título: Harry Potter y la piedra filosofal

Autora: J.K.Rowling

Editorial: Salamandra.

¿Qué es lo que tiene esta saga de maravilloso, que millones de lectores de todas partes del mundo salen a buscar el libro el mismísimo día en que se publica? ¿Cómo ha conseguido J.K.Rowling mantener el interés de sus lectores durante 7 entregas, y más: multiplicar con cada nuevo título la cantidad de seguidores? 

Algunos dicen que es gracias al cine, pero a mí no me convence esa respuesta. El Merchandising debe ayudar, por supuesto, pero no creo que esta sea la única causa. He escuchado muchas cosas sobre Rowling: que sólo ha tenido suerte, que es una maestra del cliché y  que la saga es un patiche de distintos clásicos de literatura infantil que solamente puede gustarles a los amantes de la televisión cuya imaginación  definitivamente ha sido mutilada por ese aparato maldito. Lo curioso es que algunos de estos comentarios los he escuchado de boca de gente ¡que no ha leído el libro! Y es que esto muchas veces pasa con fenómenos como Harry Potter: cuando la criatura ha tomado dimensiones monstruosas y se nos mete en la vida sin que podamos hacer nada para evitarlo (la tele, la radio, los diarios, la vecina, el carnicero, la cajera del supermercado…¡todo el mundo habla de  HP!) es cuando todos nos sentimos con autoridad para opinar. Pensamos que con ver la película alcanza. O con saber la trama. O con creerle a aquel que me dijo que era un producto del mercado hecho a la medida de gente que no sabe apreciar la literatura y consume basura. Y nos pasa como al emperador aquel que se mandó a hacer un traje invisible para los zopencos, que prefiere andar desnudo por las calles antes de reconocer que él mismo no es capaz de ver ese traje maravilloso. Porque decir que nos gusta Harry Potter en algunos ámbitos no queda bien. No es intelectual. No es serio.


Pues bien, yo me leí Harry Potter y la piedra filosofal probablemente con varios de todos estos prejuicios.  Pero no llegué al segundo capítulo que ya me había olvidado de todos los “peros” que debía (sí, era casi un imperativo) encontrarle al libro.  Y jamás diría que soy una lectora experta (¿quién es un lector experto?) pero no tengo dudas de que soy buena lectora: de esas que leen todo el tiempo. Así que de ninguna manera voy a aceptar que me digan que no sé apreciar la literatura porque me gustó Harry Potter. Y me gustó por muchísimas razones.  Me encanta la historia, los personajes y los escenarios ¿Que hay lugares comunes? Sí, es cierto, pero qué necesarios son: el mundo posible que construye Rowling más allá del andén 9 y 3/4 es  tan pero tan rico que si no echamos mano de los referentes que sí conocemos nos sentiremos irremediablemente perdidos. ¿Que les falta complejidad psicológica a los personajes? No hay duda: solo hay buenos o malos, pero no olvidemos a nuestros lectores (son niños)  ni perdamos de vista que la justicia poética no es fiel a la realidad pero cuánto más linda y reconfortante resulta. Sin duda alguna, la “forma” no es el mayor logro de Rowling: uno no anda tomando nota de los pasajes por bellos  pero están bien construidos. La redacción es correcta, hasta ahí. Pero es que el contenido es tan pero tan bueno que, de verdad, poco nos importa la forma. A veces pasan estas cosas, y eso no le quita mérito al libro: lo que le falta de un lado, le sobra del otro y compensa perfectamente.

Lo recomiendo (¡sí, lo recomiendo!) para niños mayores de 10.

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