Colmillo Blanco

Título: Colmillo Blanco
Autor: Jack London
Editorial: Acme (Colección “Robin Hood”)

La buena noticia es que la colección “Robin Hood” se está reeditando. Siguen siendo amarillos y ofreciendo la versión completa de los grandes clásicos. Aunque ahora vienen en tapa blanda y esto tiene una buena razón: son bastante económicos.  

Colmillo Blanco, como casi todos los títulos de esta colección,  es uno de esos libros que hay que leer.  Uno de esos relatos que no debería faltar en la biblioteca de nuestra infancia. Una historia de aventuras (de las buenas),  cuyo protagonista es un perro-lobo que gana inmediatamente la simpatía del lector.  Aun cuando Colmillo Blanco se muestra más salvaje y sanguinario, es posible ponerse en su lugar, entenderlo, sentir impotencia frente a las situaciones que le tocan vivir.  Situaciones que, por otro lado, como pasa en este tipo de relatos, siempre se precipitan: la acción es trepidante (y esto a pesar de los largos pasajes descriptivos que encontramos en la novela) por lo que la tensión se va mudando rápidamente conforme Colmillo Blanco cambia de dueño y de situación: la cueva, la naturaleza, el campamento indio, los norteamericanos que llegan a la región movidos por la “fiebre del oro”, Weddon Scott y el cambio abrupto de escenario al dejar la tierra salvaje para adaptarse a la civilización.

Colmillo Blanco es un relato que además nos permite viajar y conocer regiones lejanas: la distintas escenas se ubican en un lugares concretos (Alaska, Yukón, California) y la época también es bastante precisa ya que  el autor nos ubica perfectamente en un momento específico de la Historia. Rasgos del naturalismo, claro, al igual que la rigurosidad científica con que London construye la historia. Se ponen, así,  en primer plano varias de las cuestiones sobre las que Charles Darwin se basó para formular su teoría de la selección natural: la influencia del medio, la herencia genética y la lucha de los seres vivos por adaptarse al mundo que los rodea. En este sentido, Colmillo Blanco se configura como un verdadero compendio de biología.

Como para agregarle más condimentos a la trama, el punto de vista se va mudando pero la mirada preponderante es siempre la de Colmillo Blanco. Como dije más arriba, nos metemos bajo su piel, sentimos lo que él siente y  sufrimos cuando sufre. Entendemos su salvajismo y más, porque ver la situación desde sus ojos nos obliga a mirar hacia nosotros mismos, hacia el hombre “civilizado” que tiene tanto para aprender del animal salvaje. 

Una joyita, en fin, que recomiendo para niños mayores de 10.

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