Cuentos del derecho y del revés

Título: Cuentos del derecho y del revés

Autor: Franco Vaccarini

Ilustraciones: Damián Zain

Editorial: Pequeña Aldea

Confieso que empecé a leer este libro de buena gana. Pequeña Aldea me dio una de las noticias que más me alegró el alma en 2010 y reencontrarme con quienes hace unos años nos abrieron las puertas a mi amiga Patri y a mí por un proyecto que terminó publicándose con algunas modificaciones en España pero que nos dio la oportunidad de conocer a un equipo editorial de primerísima, no es poco. A esto se le sumó mi admiración (ya a esta altura notable, basta con darse una vueltita por este blog) por Franco Vaccarini: su ingenio, su humor, su prosa que entre llana y profunda siempre da con la dosis exacta que se necesita en la LIJ. ¿Quieren más? La edición es deliciosa: buen papel, impresión a todo color y unas imágenes divertidas y tiernas que van en perfecta comunión con los cuentos. Y todo esto lo decía ya, sin siquiera haber empezado a leer. Y aunque es peligroso tener tantas expectativas porque uno corre el riesgo de decepcionarse, los diez cuentos que integran este libro sobre los derechos universales del niño me hicieron pasar un buen rato. Me maravilló la brevedad, algunos son realmente cortos pero hay tanto en ellos que uno se queda rumeando (en el buen sentido)  después del punto final. “La hija de la urraca”, “El reino de las cosas iguales”, “El invisible y el ciego”  y “Amores largos” fueron mis preferidos, los que más me llamaron a reflexionar, pero todos los demás tienen algo que también los hace especiales: me gustó de “Los adornos” la invitación a crear; de “El vagabundo y los dragones” el retrato del pobre-sabio-loco y lo valioso de un gesto solidario;  de “El último ogro montañez” la posbilidad de encontrar ternura en lo monstruoso; de “Garras” el final , que acaba y listo; de “La pelea entre la escoba y la bruja” la reivindicación de la protesta social; de “Redonditos contra cuadraditos” la constatación de lo educativa que resulta una parábola bien contada. Y a fin de cuentas ahí está la razón de ser de todo el libro: educar. Por eso el apéndice para el docente, que es útil pero no imprescindible porque Vaccarini construyó tan bien los relatos que los niños aprenderán sin darse cuenta de que lo están haciendo. Una buena herramienta, en fin,  para la educación que buscamos sin renunciar por ello al placer de leer.

Para niños a partir de 8 reza la contratapa. Yo confío en que también podrán disfrutar de la lectura los pequeñines de 6.

La isla de las mil vidas

Título: La isla de las mil vidas

Autor: Franco Vaccarini

Ilustrador: Marcelo Leybovich

Editorial: Cantaro

Triste reconocerlo: me sentí inmediatamente identificada con el personaje, Emilio. Sucede que Emilio es escritor. O quiere ser escritor, lo que significa que espera un golpe de suerte. Eternamente lo espera porque cuando uno quiere de verdad ser escritor no se amedranta, no termina de aceptar jamás un fracaso. Solo hay que esperar, aunque haya que pasar penurias económicas para lograrlo y sentir un portazo en las narices una y otra vez. Y en esa espera lo acompaña Rosalyn, su joven esposa que no tiene más ambición que ser jardinera; y de su propio jardín.  De ese letargo los despierta el destino con un premio que promete ser fabuloso pero que encierra un sinfín de sinsabores: Emilio y Rosalyn han ganado un viaje a la isla Carbono, en algún lugar cercano al Ecuador.

La isla de las mil vidas es una novela que pone de manifiesto la ambivalencia de la palabra “suerte”: aquello que deseamos tanto acaso pueda significar nuestra perdición, o al revés. Pone de manifiesto que el ser humano es (o intenta ser) siempre más, baste como ejemplo la ambición de Brando Búnker, el “archienemigo” de esta historia. Y en los protagonistas vemos, por otro lado, la indefención del ser humano. El final es una bofetada a la cara, y ese ardor en las mejillas es lo que nos hace pensar “qué buena historia”. Porque Vaccarini toma un tema bastante trillado (probablemente más que trillado por esa bomba televisiva que fue Lost), un montón de clichés bien trabajados que no cansan y al contrario nos hacen sonreir en más de un pasaje; unas cuantas imágenes ingeniosas, hiperbólicas y poéticas ( “Ella suspiró tan hondo que casi me lleva a sus pulmones”) y un final que es el broche de oro, la vuelta de tuerca necesaria para que la trama se nos quede en la memoria ¡justo en la memoria, que es el quid de la cuestión!

Tengo una objeción a la edad sugerida del lector: no creo que sea para mayores de quince. Salvo por el hecho de que los protagonistas son adultos, no veo por qué  no pueda abordar la historia un niño más pequeño, de por ejemplo, doce años. De hecho, el libro está ilustrado, lo que me hace suponer que el editor tampoco estaba demasiado convencido de dejar afuera al público infantil.

El centinela del jardín

Título: El centinela del jardín

Autor: Franco Vaccarini

Ilustraciones: Fabián Mezquita

Editorial: Edelvives

La historia de un detective en decadencia, que por no no querer aceptar que está inmerso en la Sociedad de la Información cae en una trampa despiadada. Con algo de Truman Show, equívocos al borde de la sátira y una cuidada construcción de los personajes Vaccarini consigue un relato con buen ritmo, que si bien no tiene mucho suspenso, atrapa del principio al fin.

Para niños mayores de 10.

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